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¿Nos volveremos ganado frente a la IA?

  • Glênio S. Guedes
  • 25 ago 2025
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: 2 sept 2025

La inteligencia artificial dejó de ser un juguete de laboratorio. Ya no es un misterio reservado para científicos, ni un pasatiempo de nerds encerrados en un garaje. Hoy está en todas partes: en la pantalla del celular que me recomienda una película, en el programa que me filtra correos, en el sistema que dicta sentencias judiciales o que me dice qué camino tomar en medio del tráfico.


Lucia Santaella, la gran semióloga brasileña, lo advirtió: discutir si la inteligencia artificial es realmente inteligente ya no tiene sentido. La cuestión no es si piensa como nosotros, sino que actúa. Y lo hace con una eficacia silenciosa, invadiendo esferas que durante siglos parecían exclusivas de la sensibilidad humana.


De allí nació mi pregunta: ¿corremos el riesgo de convertirnos en vacas? Sí, en eso mismo: en ganado que repite mugidos, dócil, mientras delega la palabra, el logos, a un algoritmo invisible.


Las vacas también tienen lengua


Lo curioso es que, justo cuando sentimos que podemos perder nuestra centralidad, descubrimos que nunca fuimos tan únicos. La sociolingüista holandesa Leonie Cornips estudió a las vacas y encontró que tienen dialectos, gestos, rituales. Hablan entre ellas con una sutileza que ignoramos por puro prejuicio.


Y aquí surge la ironía más punzante: mientras la inteligencia artificial nos abovina, los lingüistas descubren que las vacas, las ballenas y hasta los cuervos poseen lenguajes complejos. Qué paradoja: en el mismo instante en que la ciencia revela lenguas en los animales, nosotros vamos perdiendo la nuestra, convertida en eco de algoritmos.


No buscan una razón abstracta, pero dominan una comunicación multimodal. Y lo hacen sin pretender parecerse a nosotros.


Entonces, ¿con qué derecho negamos ahora a las máquinas la posibilidad de pensar de otra manera? Durante siglos, definimos la inteligencia con reglas hechas a la medida del ser humano, y dejamos por fuera a los animales, a los árboles, a las abejas. Ahora repetimos el mismo gesto frente a la inteligencia artificial.


Los sueños de las máquinas


En la Casa do Saber, escuché al profesor Marcos Bruzzo hablar de “reservas naturales de ser humano”. Ese día comprendí la necesidad de defender algo más amplio: reservas de ser-humanidad.


En su libro O universo dos sonhos técnicos (2025), Bruzzo cuenta la historia de las imágenes: desde las pinturas de Lascaux hasta las pantallas digitales. Los seres humanos siempre hemos soñado en imágenes. Pero lo nuevo es que ahora las máquinas también sueñan.


Las inteligencias artificiales generan cuadros, músicas, relatos completos. Son sueños técnicos. No vienen del inconsciente, sino de algoritmos. Y, sin embargo, irrumpen en nuestra cultura con la misma fuerza que un poema o una novela.


La diferencia es crucial: los sueños técnicos combinan patrones y repiten fórmulas. Los sueños humanos, en cambio, están hechos de duda, error, vacilación. Allí donde la máquina calcula, nosotros tropezamos. Y en el tropiezo nace la metáfora, la poesía, lo inédito.


Reservas de ser-humanidad


Por eso hablo de reservas de ser-humanidad. No se trata de negar la tecnología ni de levantar trincheras contra la IA. Se trata de preservar espacios donde equivocarse sea un derecho, donde la lentitud no sea un defecto, donde la imaginación no se reduzca a un producto estadístico.


Son reservas donde un niño dibuja sin instrucciones, donde un poeta rompe el idioma, donde una mujer inventa un silencio. Espacios de resistencia contra la tentación de entregarlo todo al mugido uniforme de los algoritmos.


Santaella lo dijo con claridad: la inteligencia artificial ya no es una máquina, es un ecosistema. Y si no tenemos cuidado, ese ecosistema nos entrenará a nosotros más de lo que nosotros lo entrenamos a él.


Contra el mugido uniforme


No perdamos tiempo preguntando si la IA siente como nosotros. La pregunta verdadera es otra: ¿qué haremos nosotros para no dejar de ser humanos?


Si no defendemos nuestras reservas de ser-humanidad, terminaremos rumiando, obedientes, los sueños que las máquinas fabriquen para nosotros. Y en ese caso, la culpa no será de la tecnología. Será de nuestra renuncia a inventar futuros distintos.


Referencias


• Bruzzo, Marcos. O universo dos sonhos técnicos: como as inteligências artificiais redefinirão nossa imaginação. São Paulo: Blucher, 2025.

• Santaella, Lucia. A inteligência artificial é inteligente? São Paulo: Paulus, 2023.

• Preston, Christopher J.; Hamann, Valéria (Ed.). “¿Las vacas tienen una lengua propia?” MSN, 8 de marzo de 2025. Disponible en: https://www.msn.com/es- mx/noticias/otras/vacas-tienen-una-lengua-propia/ar-BB1iA9hs (consulta: agosto de 2025).

 
 
 

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