Verdades Literarias contra VerdadesJurídicas: Las Enseñanzas de "Según la Costumbre"
- Glênio S. Guedes
- 17 ago 2025
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 2 sept 2025
Déjenme contarles algo que me ha rondado la cabeza desde que leí por primera vez "Según la costumbre", esa novela tremenda de Gonzalo Mallarino Flórez. Como
abogado brasileño que se enamoró perdidamente de esta tierra colombiana, me he topado con una pregunta que no me deja dormir: ¿qué pasa cuando la literatura dice verdades que el derecho no puede tocar?
La cosa es así de sencilla y así de complicada. Mallarino Flórez nos pone frente a un narrador que cuenta, sin pestañear, cómo se dedicaba al tráfico de mujeres
indígenas en la Bogotá de la Colonia. El tipo confiesa todo: cómo las traía desde Facatativá, cómo las examinaba como si fueran mercancía, cómo las vendía para la prostitución. Si
ese fuera un testimonio real, tendríamos material de sobra para condenarlo por trata de personas, explotación sexual, racismo y cuanta ley hayamos inventado para proteger la dignidad humana.
Pero aquí está el lío: es literatura. Ficción. ¿Entonces qué? ¿No vale nada esa confesión literaria?
Cuando el derecho se queda corto
Miren, el derecho es una cosa muy formal, muy tiesa. Necesita pruebas que se puedan tocar, testigos que juren por la Biblia, documentos sellados y firmados. Esa verdad jurídica busca la certeza, pero tiene sus mañas: solo funciona dentro de ciertos plazos y necesita evidencias
que muchas veces ya no existen.
En casos como los que retrata Mallarino Flórez, la verdad jurídica se estrella contra la pared del tiempo. Los testigos están muertos desde hace siglos, los documentos se los
comió la polilla, y lo que era considerado normal en esa época hoy nos parece monstruoso. La novela nos muestra cómo esas prácticas eran "según la costumbre", o sea,
aceptadas por todo el mundo. Ahí está la paradoja: lo que hoy llamamos crimen contra la humanidad ayer era la cosa más normal del mundo.
La literatura como testigo
Pero la literatura hace algo distinto. No trata de probar que fulano de tal mató a mengano en tal fecha, sino de revelar cómo funcionaba una sociedad entera. "Según la costumbre" no nos cuenta un caso específico, sino que nos muestra, como quien no quiere la cosa, todo un sistema de violencia contra las mujeres indígenas.
Y lo hace tan bien que uno le cree. No porque sea verdad histórica comprobada, sino porque suena verosímil. Cuando el narrador menciona lugares tan concretos como
San Victorino o Egipto, cuando usa el lenguaje de la época, cuando describe con esa frialdad espeluznante cómo examinaba a las mujeres, uno siente que eso pasó así, tal cual.
Para alguien como yo, que ha estudiado tanto el derecho brasileño como estas manifestaciones culturales colombianas, es claro que ambos países cargamos con heridas coloniales parecidas. La violencia contra los pueblos indígenas es una constante en nuestra historia latinoamericana.
Cuando se juntan los dos mundos
Pero aquí viene lo bueno: estas dos verdades, la literaria y la jurídica, no tienen por qué pelearse. Al contrario, se pueden ayudar mutuamente.
La literatura le da al derecho el contexto que necesita para entender por qué pasan las cosas. Cuando uno lee cómo Mallarino Flórez describe la sistematización de esa violencia, entiende mejor cómo operaban esas estructuras de opresión que el derecho de hoy trata de desbaratar.
Además, la literatura nos muestra cómo se cruzan la discriminación racial, de género y de clase para crear vulnerabilidades específicas. Eso es algo que el análisis jurídico tradicional a veces pasa por alto.
Y hay algo más: textos como este funcionan como una especie de "precedentes culturales" que ayudan a aplicar mejor los principios jurídicos de hoy. Cuando tribunales internacionales estudian casos de violencia contra mujeres indígenas, pueden aprovechar esa comprensión cultural que nos da la literatura.
Para qué sirve todo esto
Esta reflexión no es solo académica. Tiene consecuencias prácticas muy concretas. En casos de violencia histórica contra pueblos indígenas, no podemos quedarnos
cruzados de brazos porque no tengamos las pruebas jurídicas tradicionales. La literatura nos puede dar evidencia cultural que complemente el análisis jurídico.
En Brasil, donde también tenemos pendientes históricos con los derechos indígenas, esta perspectiva es especialmente importante. La literatura puede abrir los ojos de los abogados sobre realidades que las normas abstractas no logran transmitir.
La moraleja
Al final de cuentas, no se trata de elegir entre verdades literarias o jurídicas, sino de entender que cada una aporta lo suyo. El derecho necesita su certeza procesal para ser legítimo, pero también necesita esa comprensión cultural que le da la literatura para ser justo.
"Según la costumbre" nos recuerda algo elemental: detrás de cada norma jurídica hay experiencias humanas complejas que merecen ser entendidas completamente. Solo así construiremos un sistema jurídico que verdaderamente sirva a la dignidad humana.


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