top of page
03 - Logo Brasilombia - BG Azul.png
  • Instagram Brasilombia
  • LinkedIn Brasilombia

Barichara, el Palimpsesto de Piedra: Crónica de una Ciudad que se Lee

  • Foto del escritor: gleniosabbad
    gleniosabbad
  • 14 oct 2025
  • 7 Min. de lectura

 Por Glênio Sabbad Guedes ( abogado de Brasil )

 

Permítanme que les cuente. Llegué a Barichara sin la menor idea de que estaba a punto de vivir una de las experiencias más sobrecogedoras de mi vida: la de descubrir que una ciudad entera, óigase bien, puede ser leída como si fuera un libro ancestral. Lo que arrancó como una simple visita de turista se fue convirtiendo, paso a paso, en una verdadera aventura semiótica por las páginas de piedra de este pueblo patrimonio de Colombia.


Primera Impresión: Abriendo el Libro

 

Fue pisar por primera vez el sagrado empedrado de Barichara y sentir que caminaba sobre las páginas amarillentas de un manuscrito antiguo. Las piedras calizas, de un color dorado que es pura miel, parecían las letras de un alfabeto que yo todavía no sabía descifrar. Y las casonas coloniales, de un blanco que encandila con sus marcos de piedra, me trajeron a la memoria los márgenes ornamentados de los viejos códices medievales.

No me costó trabajo entender por qué los señores del cine y la televisión han hecho de Barichara el escenario de sus historias. Caminar por sus calles es meterse de cabeza en una película de época, donde cada esquina parece ser el tablado de una escena de amor o de un drama histórico. La ciudad entera es un set de filmación natural y permanente, donde la arquitectura colonial, conservada con un celo de sacristía, ofrece una autenticidad que ni el mejor director de arte podría recrear en un estudio.

Fue mi guía local quien me recibió allí, con una sonrisa ancha y las primeras claves para empezar esta lectura: "Glenio, ha llegado usted al pueblo más lindo de Colombia. Pero más que lindo, este lugar tiene alma. Cada piedra de estas calles la puso un antepasado nuestro, y si usted aprende a escuchar, créame que ellas todavía hablan".


Capítulo 1: Descifrando la Escritura Ancestral


Mi primera parada, cómo no, fueron los petroglifos de los Guanes en los alrededores de Barichara. Mientras subía por el sendero que lleva a esos afloramientos rocosos, sentí que me encaminaba hacia las páginas primigenias de un libro muy, pero muy antiguo.

Frente a las piedras grabadas, me quedé hipnotizado. Espirales que parecían danzar en la roca, figuras humanas estilizadas que contaban historias mudas, patrones geométricos que insinuaban un sistema de conocimiento de una finura increíble. Era como si los Guanes hubieran fundado la primera biblioteca de la región, pero grabada a cincel sobre la piedra para que se le burlara al tiempo. Era, además, un pueblo de una cultura material sofisticada, famoso por su maestría para tejer el algodón en mantas que eran tan valiosas que servían de moneda.

Pasé horas tratando de "leer" aquellos símbolos. ¿Sería que una espiral representaba los ciclos de la vida? ¿Acaso las figuras antropomorfas eran retratos de chamanes o deidades? ¿Funcionaban los patrones geométricos como calendarios lunares? Cada pregunta me paría una pregunta nueva, como ocurre siempre con los buenos libros de misterio. Pero la verdad es que gran parte de la cosmogonía Guane se fue con ellos, y hoy nos queda la humilde tarea de contemplar sus ecos en la piedra, con la certeza de que el libro completo nos estará vedado para siempre.

Fue entonces cuando la palabra "Barichara" cobró todo su sentido. Proviene de "Barachala", en lengua guane, que significa "lugar para el descanso". Y no un descanso cualquiera, sino el descanso del espíritu. Un sitio sagrado.


Capítulo 2: La Gramática Colonial


De vuelta en el casco histórico, empecé a interpretar la sintaxis arquitectónica del pueblo. Cada casa era una frase bien construida: el zaguán de la entrada funcionaba como una coma que le ponía una pausa al ritmo de la calle; el patio central era el núcleo de la oración, y los corredores conectaban las ideas como si fueran conjunciones.

Visité la casa natal de Aquileo Parra, aquel prócer santandereano que llegó a ser presidente de Colombia entre 1876 y 1878. Allí, mirando sus objetos, sus documentos, entendí que estaba leyendo un capítulo biográfico escrito en piedra y madera. Parra, como miembro destacado del Partido Liberal Radical, defendía el federalismo y la separación entre la Iglesia y el Estado, ideales que reflejaban el talante independiente y a menudo contestatario de Santander.

Los arcos de las puertas y las ventanas funcionaban como paréntesis en la narrativa urbana, mientras que los balcones eran como notas a pie de página, donde la vida privada se asomaba a conversar con la vida pública.


Capítulo 3: Leyendo Entre Líneas


Las iglesias de Barichara —la Catedral de la Inmaculada Concepción y la Capilla de Santa Bárbara— me revelaron los secretos que se leen entre líneas. No eran solamente templos católicos, sino espacios donde palpita un sincretismo fascinante.

En los altares barrocos, en las imágenes de los santos, en los exvotos que dejaban los fieles, se podía leer una historia de fusión cultural. Era como si los Guanes se las hubieran ingeniado para camuflar retazos de su espiritualidad ancestral dentro del nuevo lenguaje religioso que les fue impuesto.

En la Capilla de Santa Bárbara, allá en lo alto de la colina, tuve la revelación: su ubicación no era ninguna casualidad. Estaba construida sobre los principios de orientación cósmica que los indígenas ya utilizaban. El cristianismo no solo se apropió de los lugares sagrados ancestrales, sino que los resignificó a propósito, en una poderosa estrategia de dominación simbólica que escribía la nueva fe sobre la cosmología anterior.


Capítulo 4: Recorriendo los Símbolos de la Resistencia


El Camino Real que une a Barichara con Guane se convirtió en la experiencia más transformadora de todas. Esa ruta antigua, pisada primero por los indígenas y luego por los españoles, es mucho más que un simple sendero: es una frase escrita sobre el territorio, una línea que conecta milenios de historia.

Cada paso sobre esas piedras era como seguir el hilo discursivo que enlazaba dos párrafos distintos de la historia regional. Durante la caminata, sentí que estaba pisando, literalmente, las páginas vivas de la historia, siguiendo la misma huella de guerreros guanes, misioneros franciscanos, arrieros coloniales y viajeros de todos los pelambres.

El clímax de la jornada llegó en el mirador que ofrece una vista portentosa del río Suárez, serpenteando por el cañón del Chicamocha. Allí, contemplando esa geografía monumental, entendí por qué este territorio fue sagrado. El paisaje era un libro abierto donde se leía la fuerza telúrica de la tierra.


El Teleférico: Un Puente Semiótico Entre Épocas


Pero la lectura más sorprendente de esta región ocurrió cuando decidí cruzar el Cañón del Chicamocha en el teleférico. Durante esos 6,3 kilómetros suspendido sobre el abismo, viví una metáfora semiótica perfecta: estaba transitando, literalmente, entre distintas capas de tiempo y de significado. El teleférico es como un renglón aéreo que conecta dos márgenes, no solo geográficas, sino temporales. Abajo, el río Chicamocha seguía en su tarea milenaria de esculpir la tierra. Desde lo alto, se veían al mismo tiempo la obra de la naturaleza y la audacia de la ingeniería: dos escrituras superpuestas en el mismo paisaje.


El Monumento a la Santandereanidad: La Rebeldía Hecha Piedra


En el Parque Nacional del Chicamocha me topé con el Monumento a la Santandereanidad, y comprendí que estaba frente a un manifiesto político tallado sobre el paisaje. No celebra solo la geografía; proclama a los cuatro vientos un discurso de resistencia. Su ubicación no es gratuita: el monumento dialoga con la geografía rebelde, como diciendo que la resistencia es una fuerza natural de esta tierra.

Rinde homenaje a la Revolución de los Comuneros de 1781, cuando el pueblo se levantó contra los impuestos de la Corona, una revuelta encendida por el coraje de una mujer, Manuela Beltrán, quien tuvo la valentía de romper el edicto fiscal en la plaza del Socorro. Liderados por figuras como José Antonio Galán, los santandereanos lanzaron un grito de una genialidad semiótica: "¡Viva el Rey y muera el mal gobierno!", una frase que lograba ser, al mismo tiempo, leal y subversiva.

Contemplando el monumento sobre el abismo, lo entendí todo: esta tierra santandereana pare rebeldes por naturaleza. Su papel crucial en las guerras de independencia, dándole hombres y líderes al ejército de Bolívar, confirma que ese carácter insurgente es una constante histórica. El monumento es un signo de exclamación que grita la identidad de esta casta indómita.

Fue en ese preciso instante que sentí la tierra vibrar bajo mis pies. La región es conocida por sus sismos, pero, créanme, había otra vibración: la emoción profunda de estar parado frente a tanta belleza y tanta historia juntas. Al llegar a Guane, con su museo y sus momias, sentí que había completado un capítulo entero de mi lectura.


Capítulo 5: La Caligrafía de las Calles


De vuelta en Barichara, dediqué mi último día a leer sus calles como si fueran los versos de un poema geográfico. La Calle Real se dibujaba como el verso principal que organizaba la estrofa urbana. Caminé despacio, fijándome en cada detalle: los escalones de piedra gastados por los siglos, los portones de madera que guardan historias de familias, las ventanas como ojos que espían el pasar del tiempo. En el Parque Principal, bajo los árboles centenarios que parecían bibliotecarios silenciosos, me di cuenta de que estaba siendo testigo de cómo se escribían nuevos capítulos en la historia cotidiana de Barichara.


Reflexiones Finales: Un Libro que Nunca se Acaba


Regresando a Brasil, me traje conmigo una certeza: Barichara es un libro de esos que nunca se terminan de leer. Como un palimpsesto perfecto, la ciudad conserva todas sus capas de significado. Para nosotros, los brasileños, acostumbrados a ciudades que se devoran a sí mismas, Barichara ofrece un regalo insólito: la experiencia de leer una narrativa que ha sabido conservar sus capítulos originales en perfecta armonía con el presente.

Mi aventura en Barichara terminó, pero la lectura de esta ciudad extraordinaria me acompañará para siempre en la memoria. Y cuando me asalta la nostalgia, me basta con cerrar los ojos para sentir de nuevo aquella vibración especial. Porque lo que de verdad tiembla en Barichara, no es la tierra, qué va... es el corazón de quien tiene la fortuna de descubrir este tesoro de Colombia, donde hasta los monumentos conversan poéticamente con la geología rebelde y con el alma de quien tuvo el privilegio de descifrar, página por página, este palimpsesto de piedra.

 
 
 

Entradas recientes

Ver todo
La IA y el Derecho: ¿Discernimiento o Herramienta?

En homenaje a la valerosa magistratura de Colombia “Alguém decidiu, em algum momento, que uma dada opinião era relevante para o algoritmo. Claro. Robô não pensa. O que parece difícil de explicar é uma

 
 
 

Comentarios


bottom of page