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¿Circombia o Circobrasil?

  • Foto del escritor: gleniosabbad
    gleniosabbad
  • 6 nov 2025
  • 4 Min. de lectura

Actualizado: 7 nov 2025

Mis historias preferidas del libro de Daniel Samper Ospina


Una lectura que no necesita diván: reír es el mejor diagnóstico.


Por Glênio S Guedes ( abogado de Brasil )


Leer Circombia, de Daniel Samper Ospina, debería ser una obligación médica. El libro tendría que recetarse en las clínicas del alma y en las farmacias del espíritu: sustituye el psicoanálisis, ahorra las sesiones de terapia y cura la depresión con una carcajada.

Cada página es una consulta grupal entre el humor y la tristeza, una especie de espejo roto donde el lector descubre que el enfermo no es el país, sino él mismo. Samper, cronista de humor fino y compasivo, monta un circo en el que el poder y el pueblo cambian de máscaras a cada rato. Y ese espejo colombiano, tan grotesco y tan humano, refleja con exactitud inquietante la realidad del Brasil.

Por eso, permítanme la herejía: Circombia podría llamarse perfectamente Circobrasil, y nadie notaría la diferencia.


I. El Twitter de Petro, o el gobierno por trinos


En una de las crónicas más sabrosas del libro, Samper imagina que alguien —quizás su secretaria Laura Sarabia— se atreve a confiscarle el celular al presidente Gustavo Petro, para impedirle tuitear.

La escena es digna de un Machado de Assis resucitado en la era digital: un gobernante adicto al teclado, convencido de que puede dirigir un país con un “enviar”. Petro oscila entre la revolución y la notificación, como si la historia cupiera en 280 caracteres.

Machado habría dicho, con su sonrisa de gato filosófico, que es el nuevo Quincas Borba, versión aplicación móvil: un hombre persuadido de que cada trino puede salvar a la humanidad.

¿Y nosotros, los brasileños, estamos exentos? También tuvimos mandatarios de pantalla: unos gobernaban por lives, otros por threads, y todos compartían la misma fe: que el Estado cabe en un feed. La diferencia —si acaso— está en el algoritmo.


II. Cuando Bogotá tenga metro, o el tren que nunca llega


Otra joya es “Cuando Bogotá tenga metro”. El narrador, padre ejemplar, despierta a sus hijas a las seis de la mañana para llevarlas al acontecimiento más esperado de la historia nacional: la inauguración del metro. Después de medio siglo de promesas, el tren se mueve cuarenta y siete segundos y vuelve a dormirse como un fantasma mecánico.

Machado, escéptico y sabio, habría dicho: “ese metro es un nuevo Brás Cubas: nació para morir de idea”. Y el lector brasileño asentirá, porque conoce bien la broma: aquí y allá abundan las obras eternas, los proyectos infinitos, los discursos inaugurales sin obra que inaugurar.

Bogotá sueña con el metro. Brasilia sueña con el país. Y ambos se quedan dormidos inmediatamente después del sueño.


III. Si Petro fuera médico, o la clínica del populismo


En esta sátira irresistible, el presidente Petro cuelga la banda tricolor y se convierte en médico de familia. Va de casa en casa con el estetoscopio al cuello y la revolución en la punta de la lengua. Toma la presión de los vecinos, receta cannabis terapéutico, diagnostica injusticias y cura ilusiones.

Samper, con bisturí de ironía, muestra el populismo como una enfermedad autoinmune: el gobernante que promete sanar al pueblo es, en verdad, el síntoma más grave del mal.

En Brasil también tuvimos doctores parecidos. Unos recetaban fe, otros cloroquina, todos convencidos de que la patria cabía en un recetario. Machado, invisible y sarcástico, habría anotado al pie:

“Los remedios morales, en general, empeoran al paciente.”

IV. Si Jesús llegara a Colombia, o la segunda venida por el terminal de buses


La crónica más genial del libro comienza con un error celestial: Jesús desciende en Bogotá. Lo confunden con un candidato, con un influencer, con un activista ambiental. Le hacen entrevistas, lo denuncian por curar sin diploma y lo citan en los tribunales por predicar sin permiso.

Samper convierte la teología en radiografía del absurdo latino. Y si Jesús, en vez de Bogotá, hubiera aterrizado en Brasil…Sería autuado por la Receita Federal — esa especie de DIAN tropical que nunca perdona ni los milagros — por multiplicar panes sin factura, acusado de aglomeración por predicar en plaza pública, y llamado al Senado para explicar el milagro de los peces.

Quizá se salvaría al final —no por un acto divino, sino porque el proceso prescribiría.

Machado, con su humor de cementerio y su claridad de eternidad, lo observaría desde el cielo y escribiría en voz baja:


“El Hijo del Hombre ha vuelto, pero olvidó que el nuevo Calvario es burocrático.”

Epílogo: la catarsis de la risa


Confieso algo sin pudor: admiro profundamente a Daniel Samper Ospina. Pocos autores consiguen mezclar el sarcasmo de Swift, la ternura triste de García Márquez y la mirada clínica de Machado de Assis. Leer Circombia es experimentar una purificación: reír del caos y, en ese mismo acto, liberarse de él.

Samper hace con las palabras lo que el terapeuta hace con el silencio: nos devuelve la conciencia. Y al cerrar el libro, uno comprende —entre una carcajada y otra— que el circo es universal, y que a veces el humor es la única forma digna de oración.

Lean Circombia. Es un exorcismo de la política y una comedia del alma. Y lo mejor: no requiere cita previa ni copago.


Referencia: SAMPER OSPINA, Daniel. Circombia: la historia de un país lleno de bufones, contorsionistas y otros especímenes humanos. Bogotá: Aguilar, 2023.


 
 
 

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