Del Derecho y del Dragón: El sistema jurídico y el entorno empresarial en la China contemporánea
- gleniosabbad
- 29 oct 2025
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Por Glênio Sabbad Guedes, abogado en Brasil
1. Entre el orden y la innovación
China encarna hoy una de las arquitecturas jurídico-económicas más complejas del mundo: un Estado centralizado que combina control político con apertura comercial, planificación socialista con competencia global. Su derecho, lejos de ser un simple conjunto de normas, funciona como instrumento de gobernanza estratégica, donde cada reforma traduce un cálculo de estabilidad, prosperidad y autoridad.
La República Popular China mantiene un modelo unitario de poder. El Congreso Nacional del Pueblo y el Consejo de Estado concentran las funciones legislativas y regulatorias. Pero, dentro de ese centralismo, conviven múltiples laboratorios normativos: zonas económicas especiales, regiones piloto, ciudades-puerto y experimentos fiscales que, en su conjunto, configuran el modelo jurídico chino de desarrollo.
2. El Estado de Derecho socialista con características chinas
Desde la reforma constitucional de 2018, la doctrina oficial subraya la noción de “Estado de Derecho socialista con características chinas”, según la cual el derecho no es autónomo frente al Partido, sino la formalización de su visión política. El Tribunal Popular Supremo prioriza tres fines: estabilidad, crecimiento y armonía social.
Para el inversionista extranjero, China ofrece un orden económicamente predecible pero políticamente sensible. La Ley de Sociedades (2023) simplificó el registro y la gobernanza empresarial, mientras la Ley de Inversión Extranjera (2019) unificó los antiguos modelos de inversión (EJV, CJV, WFOE), garantizando trato nacional y protección contra la expropiación sin compensación.
Sin embargo, todo empresario descubre que el derecho chino es al mismo tiempo mapa y laberinto: preciso en sus incentivos, flexible en sus límites.
3. El ecosistema empresarial: zonas, propiedad y control
La fortaleza del modelo chino reside en sus Zonas Económicas Especiales (ZEE), desde Shenzhen hasta el moderno Puerto de Libre Comercio de Hainan. En ellas rigen regímenes fiscales preferenciales, derechos de uso de suelo y plena repatriación de utilidades.
Las estructuras jurídicas más comunes son:
Wholly Foreign-Owned Enterprise (WFOE) – empresa totalmente extranjera;
Joint Venture (Equity o Cooperativa) – sociedad con socio local;
Oficina de Representación – para promoción y estudios de mercado;
Asociación con Inversión Extranjera (FIP) – figura contractual más flexible.
El registro es digital y unificado en casi todas las provincias, aunque la Lista Negativa mantiene restricciones en sectores estratégicos como medios, educación o datos personales.
4. Tributación y gobernanza económica
El sistema tributario, antes disperso, adquirió racionalidad y coherencia:
Impuesto sobre la renta corporativa (CIT): 25 %, reducido al 15 % para empresas de alta tecnología y para actividades sustanciales radicadas en el Puerto de Libre Comercio de Hainan, beneficio prorrogado hasta 2027;
IVA: 13 %, 9 % y 6 %, con 0 % para exportaciones, según la nueva Ley del IVA, que entrará en vigor el 1 de enero de 2026;
Impuesto sobre la renta personal: progresivo hasta 45 %;
Aranceles de importación: reducidos mediante tratados como el RCEP.
La tributación en China no es un fin fiscal, sino un instrumento de política industrial. Se otorgan beneficios a empresas de innovación, energía limpia e inteligencia artificial, mientras se controlan los flujos especulativos de capital. En su lógica subyace una ética de reciprocidad: el tributo como expresión de la contribución al bien común, no mera obligación contable.
5. Zonas de libre comercio y derecho experimental
Las Zonas Piloto de Libre Comercio (FTZ), iniciadas en Shanghái en 2013, son el núcleo de la apertura jurídica del país. Dentro de ellas, las empresas operan con régimen cambiario liberalizado, procedimientos aduaneros simplificados y mecanismos de arbitraje moderno, en coordinación con la Comisión China de Arbitraje Económico y Comercial Internacional (CIETAC).
El Puerto de Hainan, concebido como gran polo logístico y turístico, exime de aranceles la mayoría de los bienes e impone un impuesto de renta reducido para actividades estratégicas. En estas zonas, el derecho se entiende como experimento gradual, no como ruptura normativa: el Estado observa, ajusta y replica lo que funciona.
6. Gobernanza digital y propiedad intelectual
El auge tecnológico —desde la inteligencia artificial de DeepSeek hasta el impacto global de TikTok— obligó al país a redefinir los límites de la privacidad y la propiedad. La Ley de Seguridad de Datos (2021) y la Ley de Protección de Información Personal (2021) crean un marco dual que busca equilibrar innovación y control.
Para las empresas, ello implica localización obligatoria de datos, evaluaciones de ciberseguridad y vigilancia en sectores sensibles. Paradójicamente, China se ha convertido en líder mundial en protección de propiedad intelectual, con tribunales especializados en Pekín, Shanghái y Guangzhou, y más de 1,8 millones de solicitudes de patentes de invención registradas en 2024 según la CNIPA.
El mensaje es claro: el derecho no se concibe como garantía de libertad individual, sino como coherencia del proyecto nacional de soberanía tecnológica.
7. Control político y confianza económica
El reforzamiento del control político —limitaciones a los viajes de funcionarios, supervisión de ONG extranjeras, sistema de “crédito social”— revela una tensión constante entre apertura y disciplina. La legitimidad del Estado descansa en la promesa de prosperidad, y la seguridad jurídica es el instrumento para mantener esa confianza.
Los conflictos suelen resolverse mediante mediación, arbitraje o negociación administrativa, más que por litigio. La confianza, en China, no es personal sino institucional: una fe en la continuidad racional del Estado.
8. El derecho como espejo de la civilización
La experiencia jurídica china redefine la idea misma de legalidad. Mientras el derecho occidental aspira a la autonomía, el chino busca armonía. Hereda la máxima confuciana: “el orden precede a la libertad”.
En esa visión, gobernar por la virtud y por la política sustituye la confrontación de derechos. Aun así, florece un sector privado dinámico, innovador y global, que interpreta las reglas con ingenio y prudencia.
En última instancia, el derecho chino, como en la filosofía de Dworkin, es una práctica interpretativa: una narrativa entre lo que es y lo que debe ser. Solo que, en Pekín, el intérprete no es el juez, sino el Estado mismo.
Palabras clave: derecho chino, inversión extranjera, zonas francas, tributación, gobernanza, desarrollo, Dworkin.


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