top of page
03 - Logo Brasilombia - BG Azul.png
  • Instagram Brasilombia
  • LinkedIn Brasilombia

El Logos del Derecho: lo que Jesús tiene que enseñar al jurista moderno

  • Foto del escritor: gleniosabbad
    gleniosabbad
  • 25 oct 2025
  • 4 Min. de lectura

Por Glênio S Guedes ( abogado )


“Jesús nunca se apartó del judaísmo, aunque quiso reformarlo con su mensaje de misericordia, de perdón y de amor, que se oponía al legalismo estricto.”


— Frédéric Lenoir, Deus : sua história na epopeia humana  (Objetiva, 2013)



En las aulas del Derecho, donde la palabra suele ser fría como una sentencia y la razón se impone con toga, resuena todavía una pregunta que ningún código ha podido resolver:¿puede el amor tener lugar en la justicia?


Peter Kreeft, filósofo norteamericano y católico, se atrevió a formular una respuesta antigua y nueva: Jesús fue un filósofo. No uno de academia ni de silogismos, sino un pensador que hizo de su vida una parábola. En su libro Jesús, el mayor filósofo que ha existido, Kreeft sostiene que Cristo encarnó las cuatro preguntas eternas de la razón: qué es el ser, qué es la verdad, qué es el bien y qué es el ser humano.


El “Logos” del evangelio de Juan, “En el principio era el Verbo”, no es solo una afirmación teológica; es también una intuición jurídica. La palabra crea orden, y el orden solo es justo cuando se funda en el amor. En Jesús, la verdad no se posee: se encuentra. No se dicta: se vive.


En su enseñanza, la ley deja de ser mandato y se vuelve diálogo. “Amaíos los unos a los otros como yo os he amado”, dice el Evangelio. No es un precepto moral: es un método del espíritu. Y así como la letra de la ley puede matar, el espíritu la vivifica. Lo comprendió Pablo, y hoy lo redescubre la justicia restaurativa: el juez que escucha no castiga, transforma.


Frédéric Lenoir, en Dios: su historia en la epopeya humana, describe a Jesús como un reformador del alma y del derecho. “Jamás se distanció del judaísmo”, escribe, “pero quiso reformarlo a la luz de la misericordia y del perdón”. Esa revolución silenciosa consistió en trasladar el peso de la obediencia a la conciencia. Donde antes la ley era una piedra, Jesús la volvió espejo.


La escena de la mujer adúltera resume toda la pedagogía del Derecho. El Maestro no abroga la ley; la lleva a su plenitud: “El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra.” Con esa frase, convierte el juicio en autoconocimiento. El juez abdica del poder de castigar y devuelve al acusado la dignidad de elegir el bien.


Para Lenoir, Jesús inaugura un humanismo que todavía no hemos comprendido del todo. Anuncia un Dios cuyo amor no puede manifestarse sin respeto por la libertad humana. Esa frase podría inscribirse en el frontispicio de toda Constitución: el amor solo es legítimo si es libre, y la justicia solo es humana si es misericordiosa.


Paul Ricoeur llamaría a esto “la ética de la solicitud”: una justicia que no se contenta con aplicar la norma, sino que busca comprender el rostro del otro. Y Hans-Georg Gadamer añadiría que toda verdad —también la jurídica— nace del diálogo entre el texto y el intérprete, de esa fusión de horizontes donde la letra se abre al espíritu.


Bart D. Ehrman, historiador y filólogo, recuerda que los Evangelios no son biografías neutrales, sino “teologías narradas”. Sus contradicciones, lejos de destruir la fe, muestran su humanidad. La verdad, dice Ehrman, no se impone: se interpreta. Y acaso eso mismo ocurre en el Derecho, donde cada juez, cada abogado, cada ciudadano, reescribe día a día el sentido de la justicia.

Entre Kreeft, Lenoir y Ehrman se forma una tríada luminosa: el primero enseña a creer, el segundo enseña a amar, el tercero enseña a dudar. De esa tensión nace la sabiduría práctica del jurista: una razón que no excluye el corazón.


Quizás el mayor legado de Jesús para el Derecho sea este: que el juicio más alto no es el que condena, sino el que comprende. Que la ley no está para humillar, sino para levantar. Y que la verdad, cuando se hace carne en el amor, deja de ser un concepto para convertirse en justicia viva.


El jurista moderno, tan rodeado de normas, de expedientes y de algoritmos, puede aprender del carpintero de Galilea algo que ninguna universidad enseña: que juzgar es un acto de compasión lúcida. Porque el amor, lejos de ser emoción, es el método mismo de lo justo.


Obras consultadas (edições em português)


  • KREEFT, Peter. Jesus, o maior filósofo que já existiu. 3. ed. Rio de Janeiro: Petra, 2016. Trad. Lena Aranha.

  • BORCHERT, Otto. O Jesus histórico. São Paulo: Sociedade Religiosa Edições Vida Nova, 1985 (reimpr. 1990). Trad. Adiel Almeida de Oliveira.

  • LENOIR, Frédéric. Deus: sua história na epopeia humana. Rio de Janeiro: Objetiva, 2013. Trad. Vera Lúcia dos Reis.

  • EHRMAN, Bart D. Quem Jesus foi? Quem Jesus não foi? — Mais revelações inéditas sobre as contradições da Bíblia. Rio de Janeiro: Ediouro, 2010. Trad. Alexandre Martins.

  • RICOEUR, Paul. O si-mesmo como um outro. Campinas: Papirus, 1991.

  • GADAMER, Hans-Georg. Verdade e método. Petrópolis: Vozes, 1999.

 
 
 

Entradas recientes

Ver todo
La IA y el Derecho: ¿Discernimiento o Herramienta?

En homenaje a la valerosa magistratura de Colombia “Alguém decidiu, em algum momento, que uma dada opinião era relevante para o algoritmo. Claro. Robô não pensa. O que parece difícil de explicar é uma

 
 
 

Comentarios


bottom of page