Eleonora d’Arborea: la mujer que legisló antes de la modernidad
- gleniosabbad
- 18 oct 2025
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En homenaje a las abogadas de Brasil y de Colombia, herederas del mismo valor de la justicia que iluminó a Eleonora.
Por Glênio Sabbad Guedes
“Ella no habría seguido otra cosa que la voz de la justicia.”— Bianca Pitzorno, Vita di Eleonora d’Arborea
En los confines del Mediterráneo, cuando Europa apenas despertaba de la Edad Media, una mujer decidió que su pueblo merecía leyes más humanas. Su nombre era Eleonora d’Arborea, hija de reyes sardos, madre de un heredero niño, esposa de un genovés prisionero de guerra y soberana de un territorio sitiado por potencias que la superaban en armas. Su fuerza no fue la espada, sino la palabra escrita. En 1392, en una isla dividida entre Pisa y Aragón, promulgó la Carta de Logu: un código de justicia que anticipó la modernidad con siglos de ventaja.
Una mujer frente al tiempo
Eleonora no estudió leyes en Bolonia ni heredó cátedras canónicas. Aprendió el derecho observando la fragilidad de los hombres y la dureza de los campos. En una época en la que las mujeres eran súbditas, no legisladoras, ella escribió normas que protegían a viudas, campesinos y hasta a los animales de pastoreo. Su código —compuesto por 198 artículos— reguló desde el matrimonio hasta el comercio, desde el delito hasta la propiedad, con una sabiduría que hoy llamaríamos racional y garantista.
“Carta de Logu” significa literalmente “Carta del territorio”, y fue redactada en sardo logudorés, la lengua viva del pueblo. Eleonora quiso que la ley se entendiera sin intérpretes: que la justicia hablara el idioma de los que sembraban, navegaban y amaban bajo el sol de su isla.Así, la ley se volvió patria, y la lengua, una forma de libertad.
El eco bizantino
Mucho antes de Eleonora, la Sardenia había sido una provincia del Imperio Bizantino, gobernada por duques eclesiásticos que combinaban el poder civil y la autoridad espiritual. De esa herencia oriental vino la idea del iudex: el juez soberano que gobierna con sabiduría y piedad. Cuando Eleonora asumió el título de Judicessa d’Arborea, revivió una tradición milenaria: la de una justicia que no emana del poder, sino de la conciencia. Su Carta de Logu es la nieta mediterránea del Corpus Iuris Civilis de Justiniano, pero escrita con tinta campesina y corazón insular.
La justicia como identidad
La Carta de Logu no era una constitución moderna, pero sí lo fue en espíritu. Definía la proporcionalidad de las penas, distinguía entre crímenes públicos y privados, y fijaba responsabilidades para los funcionarios del reino. Incluso reconocía la igualdad jurídica entre ricos y pobres, algo que en pleno siglo XIV parecía un milagro. Mientras las coronas de Castilla y Aragón aún resolvían con hierro sus pleitos, una mujer en la Sardenia legislaba con compasión.
Su contemporáneo tardío, el ensayista Camillo Bellieni, dijo que en la Carta de Logu se respiraba “un agudo perfume de vida sarda”, una poesía de colinas, ovejas y lentiscos. Porque no era una ley nacida en los tribunales, sino en los campos, donde la palabra “justicia” se confundía con la palabra “dignidad”.
Una soberana avant la lettre
Eleonora fue jurista sin universidad, filósofa sin tratados, feminista sin saberlo. Fue una adelantada del Estado de derecho cuando aún no existía la idea del ciudadano. Su Carta de Logu fue al mismo tiempo manual de gobierno, espejo moral y testamento político. Mientras Europa tardaría cuatro siglos en reconocer la capacidad legislativa de una mujer, en la Sardenia del siglo XIV ya había una que escribía en nombre del bien común.
Murió hacia 1404, probablemente víctima de la peste, sin ver la independencia de su reino. Pero su ley sobrevivió más de cuatrocientos años, hasta ser reemplazada por el Codice Albertino en 1827. Una longevidad que ninguna constitución europea moderna ha igualado.
El legado de la lengua y la luz
La Carta de Logu no solo fue una codificación jurídica: fue también una declaración de independencia lingüística. Al elegir el sardo logudorés —y no el latín o el catalán— como idioma oficial de su ley, Eleonora convirtió la lengua en emblema de soberanía. Filólogos como Max Leopold Wagner y Michelangelo Pira han visto en esa decisión un acto de autodeterminación cultural: el momento en que un pueblo decidió que podía hablar su justicia con su propia voz.
Cada artículo, escrito con sencillez y precisión, acercaba el derecho a la oralidad, y con ello a la gente común. Así, la Carta de Logu no solo consolidó la justicia de un territorio: transformó la palabra en patria y el código en bandera.
Cuando el mundo la olvidó, la Carta de Logu siguió hablando. Fue citada por juristas italianos del siglo XIX como ejemplo de codificación racional; hoy la estudian los historiadores como el primer texto europeo que reconoció la responsabilidad penal individual y los derechos de las mujeres. Eleonora fue, sin saberlo, una mujer del futuro: legisló antes de la Ilustración, soñó la igualdad antes de la Revolución y escribió la ley en la lengua del pueblo antes de que existiera la idea de nación.
En una época de sombras, Eleonora d’Arborea fue una lámpara encendida sobre las colinas del Mediterráneo.Y su Carta de Logu sigue siendo, más que un código antiguo, una metáfora luminosa del poder de la justicia cuando nace del corazón humano.
Bibliografía
BELLIENI, Camillo. Eleonora d’Arborea. Nuoro: Ilisso Edizioni, 2004 (1ª ed. 1929).
CASULA, Francesco Cesare. Storia della Sardegna Medievale. Roma: Carocci, 1994.
CASULA, Francesco Cesare. Il Regno di Sardegna: dall’era bizantina all’età aragonese. Cagliari: Edizioni Della Torre, 2000.
CARTA DE LOGU. Edizione critica di Guido Manca. Cagliari: Edizioni Della Torre, 1982.
MATTONE, Antonello; SODDU, Francesco (eds.). La Carta de Logu di Eleonora d’Arborea e il diritto europeo medievale. Cagliari: Cuec Editrice, 2004.
PIRA, Michelangelo. La lingua sarda: un problema politico. Cagliari: Edizioni Della Torre, 1978. Reimpresión ampliada: Cagliari: Cuec Editrice, 1993.
PITZORNO, Bianca. Vita di Eleonora d’Arborea: principessa medievale di Sardegna. Milano: Mondadori, 2010.
WAGNER, Max Leopold. La lingua sarda: storia, spirito e forma. Berna: Francke Verlag, 1951.


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