top of page
03 - Logo Brasilombia - BG Azul.png
  • Instagram Brasilombia
  • LinkedIn Brasilombia

La importancia de la Escuela de Bruselas en la teoría de la argumentación

  • Foto del escritor: gleniosabbad
    gleniosabbad
  • 29 oct 2025
  • 3 Min. de lectura

Entre la moral de los valores, la razón de lo razonable y la problematología del lenguaje


Por Glênio Sabbad Guedes ( abogado de Brasil )


En tiempos de polarización y desconfianza hacia la palabra pública, recordar la tradición de la Escuela de Bruselas es volver al origen de la razón dialogal. Desde Eugène Dupréel hasta Michel Meyer, pasando por Chaïm Perelman y Lucie Olbrechts-Tyteca, esta corriente de pensamiento propuso un nuevo modo de entender la racionalidad: no como imposición de certezas, sino como búsqueda compartida de razones.

A mediados del siglo XX, cuando la lógica formal y el positivismo pretendían encerrar la verdad en fórmulas científicas, los filósofos de Bruselas sostuvieron que la razón sólo existe cuando se justifica ante otro. Ese principio, tan simple como revolucionario, constituye el fundamento de toda ética del diálogo y, por extensión, de todo Derecho que aspire a legitimarse por la argumentación.


Dupréel: la sociología de los valores


El punto de partida fue Eugène Dupréel (1879–1967), quien en su Tratado de moral (1932) formuló una “sociología de los valores”. Frente al absolutismo kantiano y al utilitarismo cínico, Dupréel sostuvo que los valores son construcciones colectivas, productos de la deliberación humana. De esa visión nace la noción del razonable (le raisonnable): lo que no es evidente ni arbitrario, sino aquello que puede justificarse de modo persuasivo ante los demás.

Su discípulo Chaïm Perelman heredó esta intuición moral y la transformó en una teoría general de la argumentación, orientada a restaurar el lugar del discurso en el derecho y en la vida pública.


Perelman y la Nueva Retórica


Con Lucie Olbrechts-Tyteca, Perelman publicó en 1958 el Tratado de la argumentación: La nueva retórica, obra fundacional de la teoría moderna del discurso. Allí se sostiene que toda racionalidad es comunicativa: no basta con tener razón, hay que saber convencer razonablemente.

Perelman distingue dos tipos de auditorio:


  • el auditorio particular, conformado por los interlocutores concretos de un discurso (jueces, ciudadanos, estudiantes);

  • y el auditorio universal, ideal ético que representa a todos los seres capaces de comprender razones.


Un argumento es racional cuando podría ser aceptado por ese auditorio universal. Por eso, la justicia —dice Perelman en Justicia y razón (1963)— consiste en tratar de manera igual lo que es igual y de manera diferente lo que es diferente, conforme a una regla justificable ante todos.

En el campo jurídico, esta ética del razonable transforma el poder en deber de justificación. El juez no impone: delibera. Cada sentencia es un acto de argumentación, y su legitimidad depende de la fuerza del mejor argumento, no del rango del que decide.


Michel Meyer: la problematología del lenguaje


La tercera generación de la Escuela, representada por Michel Meyer, lleva la reflexión un paso más allá. En La problematología (1986), Meyer propone que todo discurso es respuesta a una pregunta. Mientras la lógica tradicional busca la verdad de las proposiciones, la problematología busca la pertinencia de las preguntas. Argumentar es situarse en el espacio del cuestionamiento: un diálogo entre lo dicho y lo preguntado.

Con ello, la racionalidad deja de ser el producto de certezas y pasa a ser el resultado de una conversación continua entre las inquietudes humanas. La razón no pertenece al que habla, sino a quienes dialogan en torno al sentido.


La herencia y su actualidad


El pensador portugués Rui Alexandre Grácio, en su libro Racionalidad argumentativa (1993), resume magistralmente esta evolución: de la moral de los valores (Dupréel), a la ética de la justificación (Perelman), y de allí a la ontología de la comunicación (Meyer). Para Grácio, argumentar no es vencer: es someter las propias razones a la prueba del otro.

Esta herencia sigue viva en la filosofía del derecho contemporánea: en Robert Alexy y Manuel Atienza, la deliberación jurídica expresa la misma convicción perelmaniana de que el poder sólo se legitima cuando se justifica. En la política, inspira los ideales de democracia deliberativa; en la ética, sustituye la verdad absoluta por el deber de convencer sin coaccionar.


Conclusión


La Escuela de Bruselas no es solo una corriente teórica: es una lección moral para nuestro tiempo. Nos recuerda que no hay racionalidad sin alteridad, y que la verdad que no se prueba ante otro no es razón, sino poder. Su vigencia radica en haber convertido el acto de argumentar en una forma de convivencia: un modo de construir justicia mediante la palabra.

En una época en que el discurso público se degrada por el ruido y la imposición, esta tradición europea nos invita a recuperar la razón dialogal como fundamento del derecho y de la democracia. Porque, al fin y al cabo, como decía Perelman, “la lógica del derecho es la lógica de la argumentación”.


 
 
 

Entradas recientes

Ver todo
La IA y el Derecho: ¿Discernimiento o Herramienta?

En homenaje a la valerosa magistratura de Colombia “Alguém decidiu, em algum momento, que uma dada opinião era relevante para o algoritmo. Claro. Robô não pensa. O que parece difícil de explicar é uma

 
 
 

Comentarios


bottom of page