La innovación destructora y el Derecho: la institución ausente en el templo de Estocolmo
- gleniosabbad
- 14 oct 2025
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Por Glênio Sabbad Guedes ( abogado )
“Ese proceso de destrucción creadora constituye el dato fundamental del capitalismo: es en él donde consiste, en última instancia, el capitalismo, y toda empresa capitalista debe, quiera o no, adaptarse a él.”
— Joseph A. Schumpeter, citado en FERRY, Luc. A Inovação Destruidora. Rio de Janeiro: Objetiva, 2015, p. 20.
1. El Nobel que celebra la tormenta
El Premio Nobel de Economía de 2025 honró a Joel Mokyr, Philippe Aghion y Peter Howitt, tres pensadores que dieron nueva vida a la intuición de Schumpeter: el capitalismo se mueve por una fuerza interior que destruye para crear. Pero el filósofo francés Luc Ferry nos invita a invertir los términos. No se trata —dice él— de una destrucción creadora, sino de una innovación destructora, un impulso ciego que no sólo transforma las fábricas, sino la vida entera. Esa lógica de ruptura se ha vuelto universal: disuelve tradiciones, lenguajes, instituciones y hasta la idea misma de futuro.
Por eso, cuando en Estocolmo se celebra la audacia del mercado, falta en el altar una palabra olvidada: el Derecho. No como obstáculo, sino como esa arquitectura invisible que sostiene la confianza, sin la cual ninguna innovación florece ni ninguna sociedad perdura.
2. La paradoja de innovar sin instituciones
Ferry la llama una “lógica mecánica y ciega” (2015, p. 29), y acaso tenga razón: el innovador no busca civilizar, sino sobrevivir. Sin embargo, la historia demuestra que la innovación sólo es fecunda cuando encuentra instituciones inclusivas, aquellas que —como enseñaron Douglass North y Daron Acemoglu— protegen la propiedad, la palabra y la previsibilidad de las reglas. Allí donde la ley es débil, la creatividad se vuelve rapiña; donde las normas son injustas, la técnica se convierte en poder sin alma. El Derecho no es freno: es la condición misma de la innovación justa. Como preguntaba Ferry, “¿cómo retomar el control de un mundo que nos escapa?” (p. 34). La respuesta quizá sea: creando instituciones que acompañen el vértigo sin perder el sentido.
3. El caso brasileño: un motor sin engranajes
Brasil encarna el dilema entre talento y estructura. En el Índice Global de Innovación 2024, aparece en el puesto 50 del mundo, pero cae hasta el 103 en el pilar de Instituciones. Los números hablan: el país crea, pero desconfía; inventa, pero tarda en garantizar. Durante años, el Instituto Nacional de Propiedad Industrial (INPI) fue símbolo de esa lentitud: siete años para registrar una patente.Hoy, los plazos se reducen —4,6 años en 2025— y el rezago histórico se desvanece, pero las cicatrices de la desconfianza jurídica siguen abiertas.
El economista Aloísio Araújo, desde la FGV de Río, resumió el dilema:
“El crecimiento es beneficiado por la creación destructora, pero la sociedad debe compensar a los perdedores para no levantar muros contra la innovación.”
Y Graziella Zucoloto, del Ipea, añadió:“Es preciso intervenir para que el desarrollo económico sea lo más inclusivo posible.”Ambos recuerdan que sin equidad, toda innovación se vuelve privilegio.
4. Institución, lenguaje y libertad
Hace cuarenta años, el psicoanalista y poeta Hélio Pellegrino escribió una frase que parece hecha para este debate:
“La institución es, a mi ver, un mal necesario y, por tanto, un bien.” (A Burrice do Demônio, 1992, p. 15).
Pellegrino veía en la institución lo que el idioma es para la palabra: un límite que libera. En la lengua —decía—, la langue impone reglas, y gracias a ellas el ser humano puede crear su parole, su voz singular. Así también el Derecho: impone forma, pero hace posible la libertad. En su metáfora luminosa, “la necesidad sirve a la libertad, el peso al vuelo, la comunidad a la aventura de la persona” (p. 18).
Esa visión redime la política de su cinismo y al Derecho de su rigidez. Nos recuerda que la institución no debe ser cárcel ni dogma, sino gramática de convivencia, el lugar donde la necesidad se convierte en vuelo.
5. Conclusión: el premio que falta
La innovación promete prosperidad, pero puede traer precariedad. Ferry lo advirtió: la modernidad nos regaló bienestar, pero al precio de una “flexibilidad” y una “inseguridad” perpetuas (2015, p. 22). La historia reciente —de la inteligencia artificial a las fintech— confirma que sin Derecho vivo, la innovación degenera en desorden.
El Brasil, y con él América Latina, debe reconciliar el crecimiento con la justicia. El verdadero premio no será entregado en Estocolmo, sino allí donde entendamos que la innovación sólo es creadora cuando el Derecho la hace humana, previsible y justa. Y que toda gramática —sea del lenguaje o de la ley— existe para una misma tarea: transformar la necesidad en libertad.
Referencias
ACEMOGLU, Daron; ROBINSON, James A. Why Nations Fail: The Origins of Power, Prosperity, and Poverty. New York: Crown Business, 2012.
AGHION, Philippe; HOWITT, Peter. The Economics of Growth. Cambridge: MIT Press, 2009.
FERRY, Luc. A Inovação Destruidora: Ensaio sobre a lógica das sociedades modernas. Rio de Janeiro: Objetiva, 2015.
MOKYR, Joel. The Lever of Riches: Technological Creativity and Economic Progress. Oxford: Oxford University Press, 1990.
NORTH, Douglass C. Institutions, Institutional Change and Economic Performance. Cambridge: Cambridge University Press, 1990.
PELLEGRINO, Hélio. A Burrice do Demônio. Rio de Janeiro: Rocco, 1992.
SCHUMPETER, Joseph A. Capitalismo, Socialismo e Democracia. Rio de Janeiro: Fundo de Cultura, 1961.
WIPO. Global Innovation Index 2024: Brazil.
ARAÚJO, Aloísio; ZUCOLOTO, Graziella. Declaraciones en Valor Económico, 14 oct. 2025.
GUTIERREZ, Felipe. “¿Qué nos enseñan los estudios del Nobel de Economía sobre Brasil?”. Folha de S. Paulo, 13 oct. 2025.
Notas & Informações. “El Nobel de Economía y nosotros”. O Estado de S. Paulo, 14 oct. 2025.


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