Manual de Astrofísica Criminal
- gleniosabbad
- 31 oct 2025
- 3 Min. de lectura
O de cómo fundar una banda siguiendo los consejos de Stephen Hawking
Por Glênio S Guedes ( abogado de Brasil )
“Si los extraterrestres algún día nos visitan, el resultado podría ser parecido a la llegada de Colón a América.”— Stephen Hawking, físico, profeta y, sin proponérselo, cronista de nuestras desgracias.
En estas Américas de sol y demencia, el absurdo dejó de ser una excepción para convertirse en sistema solar. Aquí, lo inverosímil se cotiza en bolsa, y lo imposible firma decretos. Por eso no sorprende que alguien haya preguntado, con toda seriedad:¿habrán leído las organizaciones criminales a Stephen Hawking?
La historia comenzó con el cometa 3I/ATLAS, ese viajero del espacio que atraviesa el sistema solar con el sigilo de quien huye de sus propias preguntas. Los científicos, siempre tan inquietos, recordaron entonces la advertencia de Hawking: la hipótesis del bosque oscuro. Según ella, el universo es una selva llena de cazadores invisibles. Cada civilización calla, temerosa de revelar su posición y atraer a otra más poderosa. En resumen: quien hace ruido, muere.
Y, si se mira bien, ese principio no sólo rige los cielos. También los barrios.
El silencio del crimen
En América Latina, las bandas criminales comprendieron esa hipótesis mucho antes que Harvard. Operan como civilizaciones prudentes: expandiéndose en silencio, infiltrándose sin escándalo, multiplicándose sin ruido. Mientras los gobiernos anuncian planes, cumbres, reformas y “operativos integrales”, las organizaciones prefieren la oscuridad de la galaxia. Hacen menos discursos y más órbitas.
Stephen Hawking temía que revelar nuestra ubicación en el cosmos fuera una forma de suicidio. Aquí, esa locura se volvió hábito: cada nación grita su propio himno mientras el universo, atónito, baja el volumen.
El cometa y la favela
Dicen los astrónomos que el cometa 3I/ATLAS no pertenece a nuestro sistema solar. Pasa detrás del Sol, esquivando miradas, como si supiera que la curiosidad humana es más peligrosa que la gravedad. Algo parecido hacen las bandas: se mueven sin dejar rastros, sólo sombras. Cuando se las busca, ya están en otro punto de la órbita social.
Algunos científicos creen que el cometa podría ser artificial, enviado por una inteligencia desconocida. Otros sostienen que no: que es apenas una roca vieja dando vueltas en el espacio. Entre tanto, las instituciones latinoamericanas flotan entre ambas hipótesis.¿Son naturales? ¿Son creadas? ¿O son, simplemente, residuos del Big Bang de la corrupción?
Y mientras la NASA mira el cielo, los ciudadanos miran al suelo: buscando sentido en un planeta donde las leyes orbitan como satélites descompuestos.
De la cosmología a la política
Si Hawking hubiera vivido aquí, habría escrito El Manual de Astrofísica Criminal. Habría explicado que toda civilización —sea cósmica o carcelaria— desarrolla su propio código de invisibilidad. Que las leyes del universo también gobiernan los despachos y los ministerios: cuanto más masa tiene el poder, más deforma el espacio moral a su alrededor.
El crimen, que sí estudia, ya domina la mecánica celeste. Sabe que no necesita telescopios: basta con observar la conducta de los gobiernos. Avanza con la precisión de los astros, guiado por la gravedad del silencio.
Y, mientras tanto, allá en el norte, Trump vuelve a hablar. Cada frase suya confirma que el universo, efectivamente, es infinito.
Epílogo desde la Vía Láctea
Cuando el cometa 3I/ATLAS se aleje, la NASA lo llamará “fenómeno”. Nosotros, aquí abajo, lo llamaremos “metáfora”. Porque ese visitante celeste nos refleja: errantes, luminosos, sin dirección y sin memoria.
Tal vez, en algún rincón del cosmos, una civilización más sensata lea sobre nosotros y decida callar para siempre. Por miedo, o por pudor.
Porque si algo enseñan las Américas al universo, es que el peligro no está en el vacío, sino en el ruido. Y aquí, entre sirenas, discursos y promesas, el ruido ya no es noticia: es gobierno.
En el universo —y en el barrio— sobrevive el que calla. El resto, termina en el noticiero.


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