ARQUITECTO DE TESIS O ARQUEÓLOGO DE VERDADES:Una Indagación sobre el Alma de la Abogacía
- gleniosabbad
- 22 dic 2025
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Por Glênio S Guedes ( abogado de Brasil )
I. EL DILEMA SILENCIOSO DEL PRÁCTICO
Rara vez, cuando nos enfrentamos a la soledad del despacho para redactar un memorial complejo o para preparar un alegato decisivo, nos detenemos a examinar la metafísica secreta de nuestro oficio. Operamos bajo el automatismo de la técnica procesal, olvidando que en los cimientos de cada estrategia jurídica respira, silenciosa, una elección filosófica sobre la naturaleza de la realidad y del lenguaje.
La propuesta de este ensayo es una invitación a la introspección. No le pregunto por sus litigios ni por sus clientes, sino por su postura ante el vasto fenómeno jurídico. Frente a los hechos y a la norma, en el sosiego de su escritorio: ¿se siente usted más cómodo obrando como un Arquitecto o como un Arqueólogo?
II. EL ABOGADO-ARQUITECTO: LA SEDUCCIÓN DEL NOMINALISMO
Si halla usted deleite en moldear los hechos y la interpretación de la ley para erigir una tesis vencedora desde la nada, posee entonces el alma de un Arquitecto.
Para el Arquitecto, el Derecho es una construcción, jamás un dato inmutable de la naturaleza. Inspirado —quizás sin saberlo— en el Nominalismo medieval de Guillermo de Ockham o en el pragmatismo lingüístico de Wittgenstein, este abogado no ve los conceptos jurídicos como entidades sagradas, sino como herramientas. El "Dolo", la "Buena Fe", la "Función Social" no son esencias que levitan en el mundo de las ideas; son ladrillos. Y los ladrillos pueden cortarse, apilarse y cimentarse de formas diversas para sostener el edificio que la necesidad del cliente reclama.
El Abogado-Arquitecto cree que la "verdad" procesal no se encuentra; se fabrica a través del lenguaje y de la prueba. Esto se refleja en su lógica de trabajo: en la práctica, especialmente en el Derecho Civil y Contractual, opera con una lógica cercana a la de los Estoicos, enfocándose en las conexiones condicionales (si P, entonces Q). Si la cláusula contractual o el hecho no le sirven, utiliza la retórica para resignificar los términos, recordando que el signo lingüístico es arbitrario.
Su pregunta fundamental es: "¿Cómo puedo edificar una estructura argumentativa que se mantenga en pie, aunque el terreno de los hechos sea pantanoso?". Para él, la Justicia es una obra de ingeniería social.
III. EL ABOGADO-ARQUEÓLOGO: LA BÚSQUEDA DE LA ESENCIA
Por otra parte, si siente que su misión es apartar los escombros de las formalidades para desenterrar una Verdad que ya yacía allí, palpitante y oculta, usted tiene el alma de un Arqueólogo.
Este es el abogado Esencialista (o Realista). Bebe de la fuente de Aristóteles. Para él, las cosas y los actos humanos poseen una naturaleza intrínseca, un eidos que no puede ser manipulado por la voluntad de las partes ni por el capricho del legislador.
El Arqueólogo brilla en el Derecho Penal. Observa una conducta e interroga la ontología del delito: "Esto parece hurto, tiene la forma del hurto, pero ¿posee la esencia del 'animus furandi'?". Su razonamiento es predicativo y clasificatorio. Sabe, como Aristóteles respondió a Estilpo, que atribuir una cualidad a un sujeto no es una mera convención, sino el reconocimiento de algo que el sujeto es.
Para el Arqueólogo, conceptos como la "Dignidad Humana" no son invenciones lingüísticas útiles, sino valores reales —designadores rígidos de una moralidad necesaria— sepultados bajo la burocracia estatal. Su trabajo es excavar. La Justicia, para él, no es una construcción; es un descubrimiento.
IV. LA TENSIÓN DIALÉCTICA
La belleza y la angustia de la abogacía residen en la oscilación pendular entre estos dos polos. Hay días en que necesitamos ser Ockham: usar la navaja del nominalismo para cortar las interpretaciones extensivas de la Fiscalía, demostrando que la acusación es apenas un juego de palabras sin correspondencia en la realidad. Hay días en que necesitamos ser Kripke o Aristóteles: golpear la mesa e insistir en que existe una verdad material, una justicia ontológica que precede a la forma escrita.
Tal vez el gran jurista no sea aquel que elige rígidamente una orilla, sino quien sabe qué herramienta exige el destino: la pala del descubrimiento o el cemento de la construcción. Pero la pregunta original permanece, pues atañe a su confort intelectual: cuando la pantalla está en blanco, ¿prefiere usted inventar o revelar?
Referencias Bibliográficas
ARISTÓTELES. Da Interpretação. Tradução de José Veríssimo Teixeira da Mata. São Paulo: Edipro, 2013.
COSTA, Max William Alexandre da. Uma Introdução à Filosofia da Linguagem. Curitiba: Intersaberes, 2019.
KNEALE, William; KNEALE, Martha. O Desenvolvimento da Lógica. Tradução de M. S. Lourenço. 3. ed. Lisboa: Fundação Calouste Gulbenkian, 1991.
KRIPKE, Saul A. O Nome e a Necessidade. Tradução de Ricardo Santos. Lisboa: Gradiva, 2012.
OCKHAM, Guilherme de. Lógica dos Termos (Suma de Lógica, Parte I). Tradução de Fernando Levine Silveira. Porto Alegre: EDIPUCRS, 2002.


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