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Bauman y Fals Borda en Barichara: Crítica líquida y vida densa

  • Foto del escritor: gleniosabbad
    gleniosabbad
  • 12 feb
  • 4 min de lectura
“Pensar no es observar desde lejos, sino moverse en medio de lo que se piensa.”Inspirado en Bauman y Fals Borda

Este artículo se ofrece como homenaje a la sociología que se hace en Colombia —una sociología que emerge del suelo, del viento y de las voces mismas de su gente; una sociología que no teme ensuciarse los zapatos para acompañar las luchas, los cantos y los silencios de una realidad compleja.


Por Glênio S Guedes ( abogado de Brasil )


Barichara es un pueblo que parece esculpido por la filosofía misma: calles de piedra, silencios prolongados, palomas que parecen discutir con el viento, y un aire que invita a pensar. Fue en esa geografía tan austera como generosa que Zygmunt Bauman —el maestro de la modernidad líquida— citó a Orlando Fals Borda a una conversación que, de tan improbable, merecería título de novela.

Bauman llegó con su acento europeo convertido en una especie de vallenato extraño, como quien quiere sonar “bien sabroso” pero termina mayormente encantando. Fals Borda, con el ceño suavizado por los años, recibió a Bauman con un café ardiente y un refrán:— “Aquí se piensa con la boca caliente y la cabeza fría.”

Enseguida, Bauman se rió y dijo, con un dejo de colombianismo que hizo sonreír a los parroquianos:— “Parce, aquí la sociología no se pone en vitrina, ¿no? ¡Se vive!”

Y así, entre sorbos de café y miradas a la montaña, se abrió un diálogo sobre la sociología auténtica, esa que no se limita a simposios ni al uso de palabras rimbombantes, sino a encontrar sentido en medio del tejido mismo de la vida social.


I. La sociología que pesa


Bauman comenzó, con su característico tono socrático disfrazado de pregunta amable:— “Oiga, don Orlando, ¿por qué tanta academia y tan poca calle?”

Fals Borda sonrió, como quien ya ha respondido esa pregunta mil veces sin que sepa cansarse:— “Parce, porque algunos piensan que la sociología es para colgarla en la pared, como cuadro bonito. Pero la sociología verdadera pesa, se siente y te reclama el cuerpo entero.”

Aquí emergía uno de los puntos centrales: para Fals Borda, la sociología no debe ser un conjunto de modelitos bonitos sacados de Europa, ni fórmulas que se aplican de manera automático — como si una camisa europea pudiera servir a todos los cuerpos sociales del continente. La sociología auténtica, decía él, necesita territorio, voz y lucha. No se aprende en biblioteca sin nunca pisar el terreno donde la gente vive, sufre, ríe y resiste.

Bauman escuchaba atentamente, con esa mezcla de sorpresa y complicidad académica que acompaña siempre a quien se topa con una idea más cristalina de lo que había imaginado.— “O sea, parce, que no es cuestión de aplicar recetas, sino de responder al llamado del objeto social…”

Fals Borda asintió, con esa serenidad de quien ha dedicado la vida entera a pensar con los pies bien plantados en la tierra:— “Sí. No inventamos realidades, las descubrimos caminando junto a ellas.”


II. La crítica líquida y la vida densa


Bauman, que había hecho de la modernidad líquida una metáfora global del cambio, encontró en la formulación de Fals Borda una especie de antídoto clarificador:— “Pero si todo cambia, ¿cómo podemos hablar de raíces, de identidad, de compromiso social?”

Fals Borda, como buen colombiano con humor, respondió:— “Parce, si todo es líquido, volvamos densos nosotros. Que la sociología no se nos escape como agua entre los dedos.”

Ese momento, tan propio de la plástica de Barichara, puso de manifiesto la tensión entre una sociología que observa y otra que participa, entre meramente describir y realmente transformar. Porque para Fals Borda, la sociología auténtica no es neutral ni distante: es crítica y comprometida con las luchas y problemas reales de la gente.

Y Bauman, con ese brillo curioso en los ojos, repitió:— “Ustedes acá tienen una sociología que huele a tierra mojada y a esperanza.”

Y no era una metáfora menor.


III. El punto de encuentro


Al caer la tarde, los dos pensadores pasearon por las calles empedradas. Los turistas se detenían, confundidos, pensando que era una representación teatral. Pero no: eran dos gigantes del pensamiento conversando de verdad.

Bauman, con genuina sorpresa, dijo:— “Aquí los problemas sociales no se leen en PowerPoints; se sienten en la cara.”

Fals Borda sonrió y agregó:— “Y ahí, mi hermano, es donde la sociología hace sentido.”

Y así, entre risas, citaciones espontáneas y el roce de la vida real, la entrevista ficticia concluyó. La sociología auténtica, aprendimos de esa charla imaginaria, no se reduce a teorías herméticas ni a conceptos hermosamente pulidos. Es una práctica vivida, una conversación sin muros, una ciencia con corazón y pensamiento con pies.

Porque, al fin y al cabo, como diría Bauman con acento colombiano:— “Si no movemos el cuerpo cuando pensamos, nos perdemos la fiesta de la vida.”

Y Fals Borda agregó, con sonrisa de sabio costeño:— “Y si no hacemos sociología con la gente, ¿para qué sirve sentarnos a pensar solos?”

Así, en Barichara, donde el tiempo parece haberse puesto de acuerdo para que el pensamiento se sienta en los huesos, surgió una sociología no de teoría sin aplicación, sino de vida con sentido y densidad.


 
 
 

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