Brasil y el Nuevo Mapa de los Minerales Críticos: una invitación sutil desde el umbral amazónico
- gleniosabbad
- 17 nov 2025
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Por Glênio S Guedes ( abogado de Brasil )
Hay momentos en la historia de las naciones en que el futuro no se anuncia con discursos, sino con minerales. No con poemas, sino con elementos silenciosos: litio, cobalto, níquel, grafito, cobre y esos misteriosos “tierras raras” que parecen venir de un libro de alquimistas. En el siglo XXI, la revolución energética no se hará en mítines ni en cumbres, sino en laboratorios, en túneles y en largas noches de investigación científica. Allí es donde hoy se encuentra Brasil, un país hecho de selvas, ríos insondables, hierro infinito y una promesa que aún no define si será destino o espejismo.
De acuerdo con informes oficiales, Brasil posee cerca del 10% de las reservas mundiales de minerales críticos y más del 90% del niobio que circula en la industria global. Sin embargo, como suele ocurrir en la historia latinoamericana, el verdadero desafío no es extraer minerales, sino transformarlos; no es descubrir vetas, sino fundar soberanías; no es perforar montañas, sino construir inteligencia nacional.
Mientras los Estados Unidos y China libran una guerra silenciosa por el control tecnológico, y la Unión Europea corre contra el reloj para liberarse de dependencias estratégicas, Brasil parece haber despertado a una pregunta decisiva: ¿exportaremos piedras o futuro?
En los últimos años, se ha iniciado una arquitectura económica y normativa que apunta hacia una política de Estado más madura, donde la minería deja de ser un capítulo del pasado y se convierte en una plataforma de transición energética. El país aprobó instrumentos financieros novedosos, como debentures destinadas exclusivamente a proyectos de minerales estratégicos, con capacidad proyectada de captar más de 5.000 millones de reales anuales, y que priorizan no la exportación primaria, sino la industria transformadora, las cadenas de baterías y la economía del hidrógeno verde. Paralelamente, avanza el Marco Legal de Minerales Críticos, que busca coordinar la gobernanza, el licenciamiento, la investigación, la seguridad nacional y la sostenibilidad.
La novedad no está solo en la ley, sino en el espíritu: Brasil empieza a comprender que la riqueza no está en la mina, sino en la patente, el componente, el dispositivo y la tecnología.
En ese escenario, Minas Gerais, Bahía y Pará emergen como corredores de una nueva geoeconomía sudamericana, donde empresas consolidadas y juniors innovadoras exploran litio, níquel y tierras raras con metodologías de minería verde, con uso de energía solar, hidrógeno y procesos circulares. Las inversiones anunciadas superan los US$ 60.000 millones hacia 2030, y varios proyectos piloto ya dialogan con universidades y centros de investigación, tanto brasileños como extranjeros.
Ante esta transformación, Colombia —que conoce en su propio territorio la riqueza del cobre, el carbón y el níquel— podría leer el mapa brasileño como una hermandad de destinos. No se trata de imitar, sino de conectar inteligencias; no se trata de competir en precios, sino de asociarse en innovación; no se trata de abrir oficinas, sino de abrir visión continental.
La historia demuestra que, cuando América Latina camina dividida, termina vendiendo su suelo al peso; pero cuando camina unida, puede fundar su Soberanía del Conocimiento, mucho más poderosa que cualquier commodity.
Por eso, sin discursos comerciales ni anuncios vacíos, vale la pena imaginar alianzas discretas pero profundas entre empresarios colombianos y polos tecnológicos brasileños: joint ventures para baterías, consorcios de geotecnología, fondos cruzados de investigación aplicada, cadenas logísticas bioceánicas, o incluso parques industriales binacionales en el eje Amazonas-Andes-Atlántico.
Es un camino largo, sí; pero ninguna civilización lo fue sin largo aliento. Corea del Sur tardó cuarenta años en convertirse en potencia tecnológica. China caminó cinco décadas desde su modernización científica. Brasil y Colombia están apenas abriendo el libro.
La minería estratégica no es un negocio de excavadoras, sino de civilización y disciplina. Se necesita ciencia, paciencia, ética pública, transparencia y escuelas técnicas; se necesitan poetas, también, porque las grandes transformaciones solo ocurren cuando una generación es capaz de imaginar aquello que todavía no existe.
Y si alguna vez nuestros pueblos fueron descritos como “exportadores de naturaleza y sueños”, quizá ha llegado el siglo en que podamos exportar soluciones: turbinas, baterías, imanes permanentes, polímeros avanzados, computación cuántica aplicada a materiales, y toda la ingeniería necesaria para que el planeta no se apague antes de aprender.
Brasil está haciendo su movimiento. Colombia puede hacerlo a su modo. La pregunta está escrita en los minerales, pero la respuesta se escribirá en nuestras decisiones.
Porque las reservas están bajo la tierra, pero el verdadero valor está sobre ella: en la mente humana cuando decide evolucionar.


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