top of page
03 - Logo Brasilombia - BG Azul.png
  • Instagram Brasilombia
  • LinkedIn Brasilombia

Crónica de un desperdicio histórico: El día que Averroes vio plantas donde debía haber juezas

  • Foto del escritor: gleniosabbad
    gleniosabbad
  • 30 nov 2025
  • 3 Min. de lectura

Por Glenio S. Guedes ( abogado de Brasil )


Déjenme echarles un cuento, que parece sacado de los titulares de hoy, pero que ocurrió hace más de ochocientos años en las calles de Córdoba, allá en la lejana Andalucía.

Imagínense ustedes la escena. Estamos en el siglo XII. Córdoba es la "novia de Al-Ándalus", una ciudad de mezquitas imponentes, bibliotecas que daban envidia a París y naranjos en flor. Pero en medio de esa opulencia, había un hombre preocupado. No era un cualquiera. Era el mismísimo Abú Walid ibn Rushd, a quien la historia conoce como Averroes. Médico de califas, filósofo de talla mayor y, para más señas, el Juez Supremo de la ciudad.

Resulta que este hombre, que tenía la costumbre de pensar más de la cuenta —cosa peligrosa en todas las épocas—, se asomó a la ventana de su palacio y vio algo que le heló la sangre. No vio una invasión cristiana, ni una plaga de langostas. Vio el desperdicio.

Averroes, que se había quemado las pestañas leyendo a Platón porque no encontraba los libros de Aristóteles, llegó a una conclusión que en esa época sonaba a herejía pura y dura: su sociedad, esa civilización islámica tan orgullosa, estaba caminando coja. ¿La razón? Porque tenía a la mitad de su gente encerrada en la casa.

Vea usted qué vaina tan curiosa. Mientras los teólogos de turbante apretado discutían si la mujer tenía alma o si debía taparse hasta los pensamientos, Averroes agarró la pluma y soltó una frase que todavía hoy retumba como un cañonazo. Escribió que, en su tierra, las mujeres se parecían a las "plantas".

Sí, leyó bien: plantas. Matas de adorno.

Decía el sabio cordobés: "Nuestras mujeres son como plantas... y al ser una carga para los hombres, son una de las causas de la pobreza de estas ciudades".

¡Hágame el favor! El hombre no estaba hablando de romanticismo, estaba hablando de economía, de pura y dura contabilidad estatal. Averroes, con ese ojo clínico de médico, diagnosticó que una sociedad donde las mujeres solo sirven para criar muchachos y adornar el harém, es una sociedad condenada a la ruina. Es como tener un pájaro y cortarle una ala. Comen todos, pero solo producen la mitad.

Y ahí no paró la cosa. Este juez, que no tragaba entero, se puso a mirar a los animales. Les decía a sus alumnos: "Miren a los perros guardianes. ¿Acaso la perra no muerde igual de duro que el perro cuando cuida el rebaño? ¿Acaso es menos capaz?". Y si eso pasa en la naturaleza, preguntaba él, ¿por qué diablos decimos que la mujer no puede gobernar o dictar sentencia?

Averroes se atrevió a decir, en pleno siglo XII, que las mujeres tenían la misma naturaleza que los hombres para la sabiduría y el gobierno. Que si no veíamos a mujeres filósofas o generalas, no era por culpa de Dios ni de la biología, sino porque las criaban —y cito textual— "como si fueran inútiles".

Claro, ustedes se imaginarán cómo terminó el cuento. A Averroes le pasó lo que le pasa a todo el que se adelanta a su tiempo en tierras de fanáticos: lo mandaron al exilio. Lo desterraron a un pueblo llamado Lucena, le quemaron los libros de filosofía y trataron de borrar su memoria. Los almóadas, esos gobernantes que se daban golpes de pecho rezando, prefirieron la pobreza con dogma que la riqueza con libertad.

La crónica de hoy termina con un sabor agridulce. Averroes murió lejos de su Córdoba querida, convencido de que su pueblo se estaba suicidando lentamente al desperdiciar el talento femenino.

Ochocientos años después, uno mira el mundo y se pregunta si ya aprendimos la lección del viejo juez, o si todavía, en muchos rincones, seguimos cultivando plantas donde deberíamos estar formando juezas, científicas y presidentas. Porque, como bien sabía el sabio Averroes, no hay nada más caro para una nación que la ignorancia, ni nada más triste que el talento tirado a la basura.

Feliz lectura, y que la historia nos sirva de algo.

 
 
 

Entradas recientes

Ver todo
La IA y el Derecho: ¿Discernimiento o Herramienta?

En homenaje a la valerosa magistratura de Colombia “Alguém decidiu, em algum momento, que uma dada opinião era relevante para o algoritmo. Claro. Robô não pensa. O que parece difícil de explicar é uma

 
 
 

Comentarios


bottom of page