Cuando la decisión sustituye a la ciencia, el derecho se empobrece
- gleniosabbad
- 30 dic 2025
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La ciencia del derecho debe estar al servicio de la decisión;
la decisión debe poder ser explicada por la ciencia.
Por Glênio S Guedes ( abogado de Brasil )
Introducción
Una de las características más visibles del derecho contemporáneo es la centralidad creciente de la decisión judicial. Tribunales superiores y cortes constitucionales ocupan hoy un lugar determinante en la configuración del derecho vigente, hasta el punto de que la jurisprudencia parece, en muchos contextos, sustituir a la ley como principal referencia normativa. Este fenómeno, sin embargo, encierra un riesgo profundo: que el derecho se reduzca a una sucesión de decisiones dotadas de autoridad, pero privadas de una elaboración científica capaz de otorgarles coherencia y racionalidad.
El problema no consiste en negar el carácter creativo de la interpretación judicial. Lo verdaderamente preocupante es la progresiva pérdida de la ciencia del derecho como instancia mediadora entre norma, hecho y decisión. Cuando la decisión deja de apoyarse en un saber jurídico metódico, el derecho corre el riesgo de empobrecerse y de transformarse en puro ejercicio de poder.
El derecho como ciencia práctica: la experiencia romana
La experiencia jurídica romana ofrece una lección decisiva para comprender este problema. En su momento de mayor madurez, el derecho no se identificaba ni con la voluntad del gobernante ni con la decisión del magistrado. Su núcleo vital era un saber técnico y racional, construido por juristas especializados a partir del análisis de casos concretos. Este saber —la scientia iuris— no era abstracto ni teórico en sentido moderno, sino profundamente práctico: nacía del conflicto, se alimentaba de la experiencia y se orientaba a la búsqueda de soluciones razonables y coherentes.
La decisión judicial, en ese contexto, no operaba en el vacío. El juez resolvía, pero lo hacía guiado por categorías, distinciones y conceptos elaborados previamente por la ciencia jurídica. El derecho no era, por tanto, la decisión misma, sino el resultado de un método que hacía posible decidir de manera racional.
De la ciencia a la autoridad: una ruptura histórica
Con el paso del tiempo, este equilibrio se fue debilitando. La progresiva centralización del poder normativo y la transformación del derecho en un producto cada vez más dependiente de la autoridad política alteraron la relación entre ciencia y decisión. Aunque se conservaron conceptos y estructuras del derecho clásico, la función creadora del jurista se fue reduciendo, y el derecho tendió a identificarse cada vez más con la norma impuesta o con la decisión autoritativa.
La modernidad jurídica profundizó esta ruptura. La codificación, la separación rígida entre teoría y práctica y la confianza excesiva en la autoridad formal de la ley —y hoy también de la sentencia— generaron una cultura jurídica en la que se decide mucho, pero se reflexiona poco sobre los fundamentos del decidir. El resultado es un derecho abundante en decisiones, pero pobre en elaboración científica.
Jurisprudencia sin método y crisis de racionalidad
En el escenario contemporáneo, la jurisprudencia ha adquirido una relevancia indiscutible. Las decisiones judiciales no solo aplican el derecho, sino que lo transforman y lo desarrollan. El problema surge cuando esta función creativa se ejerce sin un método compartido de racionalización. En tales casos, la jurisprudencia corre el riesgo de convertirse en un conjunto autorreferencial de decisiones, cuya fuerza deriva más de su autoridad institucional que de su capacidad persuasiva.
Los síntomas de esta crisis son evidentes: precedentes utilizados sin reconstrucción del caso concreto, principios extraídos de sentencias sin atención a los hechos relevantes, decisiones reproducidas mecánicamente como fórmulas abstractas. En estos supuestos, el derecho deja de ser un sistema de razones y se transforma en un repertorio de mandatos.
El método romanístico como alternativa
El método romanístico ofrece una respuesta clara a este problema. No se trata de recuperar instituciones antiguas ni de idealizar el pasado, sino de rescatar un modo de pensar el derecho. Este método parte del caso concreto, concede centralidad al análisis de los hechos, construye conceptos en diálogo con la experiencia y reconoce la historicidad del derecho. La solución jurídica no se presenta como absoluta o definitiva, sino como la más razonable dentro de un sistema coherente.
Aplicado al presente, este enfoque permite devolver a la ciencia jurídica su función mediadora. Frente a la hipertrofia de la decisión, el método romanístico recuerda que decidir no es un acto puramente voluntarista, sino el resultado de un proceso racional que exige argumentación, coherencia y responsabilidad interpretativa.
Conclusión
El derecho no puede reducirse a la suma de decisiones judiciales, por más autorizadas que estas sean. Cuando la decisión sustituye a la ciencia, el derecho pierde densidad, previsibilidad y racionalidad. Recuperar la scientia iuris no es un gesto nostálgico, sino una exigencia del presente. En un contexto marcado por la proliferación de sentencias y la fragmentación de las fuentes, solo un derecho apoyado en una ciencia práctica, crítica y metodológicamente consciente puede seguir aspirando a ser algo más que autoridad: puede aspirar a ser justicia.


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