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Curling jurídico: se barre la norma y la decisión se desliza

  • Foto del escritor: gleniosabbad
    gleniosabbad
  • 16 feb
  • 3 min de lectura
“La comunidad científica aún no ha llegado a un consenso sobre la física del curling, aunque no sea por falta de esfuerzo.”(BBC News Brasil, 16 feb. 2026)

Por Glênio S Guedes ( abogado de Brasil )


Hay algo casi enternecedor en la física del curling. Un deporte con siglos de historia — serio, olímpico, transmitido con solemnidad nórdica — todavía no logra explicar del todo por qué la piedra hace esa curva caprichosa que decide el juego.

Los científicos discuten modelos, se contradicen, miden, filman en cámara lenta, vuelven a empezar. Admiten, con humildad escocesa, que el misterio sigue ahí. Y no pasa nada. Nadie pierde la compostura por reconocer que no sabe.

En el Derecho, en cambio, hemos alcanzado una fase superior del progreso humano: ya no necesitamos consenso, ni mediciones, ni siquiera dudas. Con un buen concepto bien planchado, la curva queda explicada antes de aparecer.

En el curling, la pista no es lisa. Está “granulada”: pequeñas irregularidades reducen el contacto y permiten que la piedra deslice con control . Esa superficie rugosa es la condición misma del movimiento. Sin ella, la piedra no llegaría a la casa.

En nuestro Derecho, también hay granulación. Pero no es de hielo: es conceptual. Súmulas repetidas como rosario de abuela, precedentes citados por pedacitos, talleres para “construir criterios”, manuales que prometen seguridad jurídica en veinte páginas. Un derecho listo para microondas, listo para servir.

La decisión sale recta — al menos en el relato. Pero, cuando llega al fallo, ya va haciendo curva.

Y la curva, por supuesto, no se atribuye a fricciones invisibles. Se la explica con palabras de esas que suenan berracas: “ponderación”, “interés general”, “efectividad”, “dinamismo constitucional”. Conceptos que, usados sin cuidado, funcionan como la escoba del curling: se barre el hielo delante de la piedra, se derrite una fina capa de agua y la trayectoria se alarga más de lo previsto .

En el deporte hubo escándalo cuando las escobas tecnológicas empezaron a alterar demasiado el juego — el famoso “broomgate”, que obligó a cambiar las reglas . En el Derecho, cuando las herramientas interpretativas comenzaron a torcer trayectorias con alegre flexibilidad, no hubo escándalo. Hubo seminario.

Y así nació el Derecho prêt-à-porter: decisiones a la medida del momento, conceptos acomodados con la destreza de un sastre de barrio, teorías simplificadas hasta que caben en una diapositiva. Todo muy práctico, todo muy eficiente. Una maravilla, diría alguno, sin notar que la eficiencia puede ser también una forma elegante de la ignorancia.

Porque la física del curling enseña algo incómodo: la piedra no curva por voluntad propia. La rotación no la empuja hacia un lado; lo que la desvía es la diferencia de fricción, el pequeño punto de apoyo que actúa como pivote . No es magia. Es consecuencia.

En el Derecho ocurre algo parecido, aunque no siempre lo confesemos. La sentencia no curva porque el juez “quiera”. Curva porque hay puntos de fricción: conceptos mal enseñados, lecturas a medias, tradiciones olvidadas, entusiasmo acrítico por la técnica. Esos pequeños apoyos invisibles que hacen que el razonamiento gire, casi sin que se note.

Pero aquí viene lo más sabroso del asunto: mientras los físicos reconocen que todavía no entienden completamente el fenómeno, nosotros proclamamos certezas con la tranquilidad del que se toma un tinto en la plaza y dice que ya resolvió el país.

Si el hielo es irregular, decimos que todo es indeterminado. Si hay duda, la convertimos en libertad absoluta. Si falta teoría, la reemplazamos con criterio.

Y así, poco a poco, la curva deja de ser consecuencia y se vuelve costumbre.

No se trata de negar la complejidad del Derecho. Al contrario. Se trata de recordarla. Porque cuando la decisión se aleja demasiado del texto, no conviene culpar al clima. En el curling hay microfracturas, humedad, temperatura, agua invisible . En el Derecho también hay factores invisibles. Solo que preferimos no mirarlos.

Tal vez deberíamos aprender algo de ese deporte frío y paciente. Admitir que no todo está resuelto, que la indeterminación no es licencia para cualquier jugada, que la teoría no es adorno sino estructura.

Porque cuando el Derecho hace demasiada curva, uno puede aplaudir la habilidad… o preguntarse si no estamos, como diría cualquier colombiano con sentido común, barriendo el hielo para que la piedra llegue donde ya queríamos que llegara.

Y eso, más que física, ya es otra cosa.

 
 
 

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