De la abdicación ética del juez: “no fui yo, fue el sistema…”
- gleniosabbad
- 18 ene
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“Cuando nadie decide, la injusticia decide sola.”
Por Glênio S Guedes ( abogado de Brasil )
Hay frases que funcionan como coartadas morales. En el derecho contemporáneo, pocas son tan cómodas —y tan peligrosas— como esta: “no fui yo, fue el sistema”. Aparece con distintos disfraces: el precedente obligatorio, el protocolo institucional, el algoritmo de clasificación, la inteligencia artificial que “recomienda” decisiones. En todos los casos, el mensaje es el mismo: la decisión ya no tendría autor, apenas procedimiento.
El derecho siempre ha sentido fascinación por la técnica. Durante décadas prometió que la neutralidad del método domesticaría el poder del juez. Ayer fue el silogismo jurídico; hoy es la estadística. Cambió el lenguaje, no la ilusión. Seguimos creyendo que la justicia puede surgir de un mecanismo impersonal, como si la decisión pudiera producirse sin responsabilidad humana.
Pero las decisiones no desaparecen cuando se declaran automáticas. Simplemente se vuelven invisibles.
Juzgar nunca fue ejecutar instrucciones. Incluso en los modelos más formalistas, decidir implica elegir: qué hechos importan, qué interpretación se privilegia, cuándo se cierra la discusión. La técnica jamás eliminó el poder; solo lo ocultó bajo una apariencia de racionalidad. Y donde hay poder, hay responsabilidad.
La novedad de nuestra época no es la existencia de sistemas, sino la tentación de convertir al juez en su operador obediente. El magistrado ya no decide: valida. Ya no responde: confirma. Así, la responsabilidad se diluye y la justicia se transforma en un trámite eficiente, pero moralmente huérfano.
La inteligencia artificial, presentada como solución a la lentitud y a la desigualdad decisoria, descansa sobre un malentendido fundamental: la supuesta neutralidad de los datos. Los datos no son hechos puros; son fragmentos del pasado institucional. Y el pasado del sistema judicial está lleno de desigualdades, exclusiones y sesgos. Automatizar ese pasado no lo corrige: lo multiplica.
El peligro no reside solo en el error técnico, sino en algo más profundo: la normalización estadística de la injusticia. Cuando la probabilidad sustituye a la argumentación y el patrón reemplaza al caso concreto, la decisión deja de ser un acto responsable para convertirse en un evento administrativo.
Aquí cobra fuerza una vieja advertencia de Luiz Fernando Coelho, hoy inquietantemente actual. Para él, la verdad judicial no es absoluta ni matemática. Es conjetural, construida mediante argumentos, limitada por la prueba y por las reglas del proceso. Esa limitación no es una falla; es la condición misma de la responsabilidad del juez.
La verdad estadística funciona de otro modo. No explica: correlaciona. No justifica: clasifica. No responde: calcula. Confundirla con justicia es abdicar del juicio prudencial y delegar la conciencia en una fórmula.
Frente a este escenario, Coelho propuso la idea de una función metajurisdiccional de la magistratura. No se trata de juzgar contra la ley ni de reemplazar al legislador, sino de algo más exigente: pensar críticamente los efectos sociales y éticos de cada decisión. El juez no es solo aplicador de normas; es responsable por el mundo que su decisión ayuda a producir.
En la era de los algoritmos, esta función deja de ser un lujo teórico. Se vuelve una necesidad mínima. El juez que se refugia en el “output” del sistema abdica de su papel sin renunciar formalmente al cargo. Conserva la toga, pero pierde la voz.
La abdicación ética ocurre cuando el juez deja de reconocerse como autor de la decisión que firma. Decir “fue el sistema” no es un acto de humildad técnica, sino de evasión moral. La decisión sigue allí, con consecuencias reales, pero sin responsable visible.
Ese es el mayor riesgo de la justicia contemporánea: no que las máquinas sustituyan a los jueces, sino que los jueces renuncien a juzgar. Que acepten la comodidad de no decidir y la tranquilidad de no responder.
Porque, al final, no hay decisión sin decisor. No hay técnica que absuelva a quien juzga. Y no hay justicia posible cuando la responsabilidad se disuelve entre protocolos y algoritmos.
Cuando nadie decide, la injusticia decide sola.
Bibliografía
COELHO, Luiz Fernando. A filosofia do direito e a prova no processo. In: Fumaça do Bom Direito. Curitiba: Juruá, 1987. p. 109–140.


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