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Del hombre universal al gestor de la inteligencia ajena

  • Foto del escritor: gleniosabbad
    gleniosabbad
  • hace 3 días
  • 3 Min. de lectura

Polimatía, big techs y la externalización de la síntesis del saber a la luz de Peter Burke

“Saber muchas cosas no es lo mismo que comprender el todo.”

Por Glênio S Guedes ( abogado de Brasil )


1. Introducción — La pregunta mal ubicada


Vivimos un tiempo curioso y contradictorio. Nunca antes la humanidad tuvo acceso a tantos datos, tantos textos, tantas voces y tantos saberes circulando al mismo tiempo. Y, sin embargo, pocas veces se habló con tanta insistencia de desorientación, fragmentación y pérdida de sentido. En medio de este escenario reaparece, casi siempre de manera imprecisa, la figura del polímata: evocada con nostalgia por unos, atribuida apresuradamente a los grandes protagonistas del mundo digital por otros.

Pero la pregunta decisiva no es quiénes serían hoy los nuevos polímatas. La pregunta correcta es otra: ¿sigue existiendo la polimatía en el mismo sentido en que fue pensada históricamente? A la luz de la reflexión de Peter Burke, la tesis que aquí se propone es clara: los dueños de las grandes plataformas tecnológicas no son polímatas; son gestores de la polimatía potencial de los demás. Lo que ha cambiado no es la curiosidad humana, sino el lugar donde se produce —o se delega— la síntesis del saber.


2. La polimatía como fenómeno histórico


Uno de los grandes aciertos de Burke consiste en despojar a la polimatía de su aura mítica. El polímata no es un genio eterno ni una excepción milagrosa, sino una figura histórica, posible solo bajo determinadas condiciones. Regímenes de saber, instituciones, tecnologías de información y expectativas sociales determinan qué tipo de conocimiento se considera valioso y quién puede aspirar a una visión de conjunto.

Durante el Renacimiento y los inicios de la modernidad, la relativa escasez de libros, la fluidez entre disciplinas y el prestigio social de la erudición hacían imaginable al hombre universal. Con el paso del tiempo, la expansión del saber y la especialización académica transformaron esa virtud en sospecha. Lo que antes era amplitud pasó a verse como superficialidad.

La crisis de la polimatía, por tanto, no es una decadencia intelectual, sino una reorganización social del conocimiento.


3. Big techs y abundancia sin comprensión


Es en este punto donde aparecen las grandes plataformas digitales. Su capacidad para almacenar, procesar y conectar información parece, a primera vista, la realización perfecta del ideal polimático. Todo está disponible, todo se cruza, todo se indexa.

Pero aquí conviene una distinción esencial: acceder a la información no es comprenderla, y conectar datos no equivale a producir sentido. Las big techs no piensan el todo; administran la circulación de fragmentos. Su poder no es intelectual en el sentido clásico, sino estructural: diseñan los caminos por los que el conocimiento se mueve.

Los líderes de estas empresas no atraviesan personalmente los campos del saber para integrarlos en una visión unitaria. Actúan como orquestadores de inteligencias ajenas, coordinando equipos, algoritmos y mercados. La síntesis deja de ser una tarea humana y se convierte en una función del sistema.


4. Del sujeto que comprende al gestor que coordina


El polímata clásico era un sujeto de la síntesis. Incluso cuando se equivocaba, asumía la responsabilidad intelectual de articular distintos saberes en una imagen coherente del mundo. La comprensión del todo —siempre provisional— pasaba por su juicio personal.

En el régimen informacional contemporáneo, esa responsabilidad se diluye. La síntesis se externaliza: se reparte entre modelos, rankings, métricas y flujos automatizados. El gestor de la plataforma no necesita comprender profundamente los contenidos que circulan; basta con que circulen bien.

Así surge una figura nueva: no el polímata, sino el gestor de la inteligencia ajena. Alguien que administra la posibilidad de múltiples síntesis sin comprometerse con ninguna.


5. El cambio de expectativas


Burke recuerda que ninguna forma de conocimiento existe sin expectativas sociales que la respalden. Hoy no se espera de los grandes actores del mundo digital una visión integral del saber, sino eficiencia, innovación y escala. La comprensión ha dejado de ser un valor central.

No estamos ante la muerte del polímata por incapacidad humana, sino ante su irrelevancia funcional en un sistema que ya no exige síntesis personal. El riesgo es evidente: cuando nadie responde por el sentido del todo, la abundancia de información convive con una profunda pobreza de comprensión.


6. Conclusión — ¿Polimatía sin polímatas?


A la luz de Burke, la respuesta se impone. Los grandes dueños de las big techs no son polímatas en el sentido histórico del término. Son actores centrales de un nuevo régimen del saber, donde la multiplicidad se gestiona, pero no se comprende; se potencia, pero no se asume.

Vivimos una época de polimatía sin polímatas: todo puede conectarse, pero casi nadie responde por el conjunto. Tal vez el desafío de nuestro tiempo no sea resucitar al hombre universal, sino recuperar —en medio de la abundancia técnica— la responsabilidad humana por la síntesis del sentido.

 
 
 

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