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El jurista como arquitecto de la libertad: Cinco lecciones de Wolfgang Fikentscher para nuestros tiempos

  • Foto del escritor: gleniosabbad
    gleniosabbad
  • 8 dic 2025
  • 3 Min. de lectura

Por Glênio S. Guedes ( abogado de Brasil )


Habitamos, tanto en Brasil como en Colombia, una encrucijada metodológica, un laberinto donde resuenan viejos ecos. Por un lado, nos acecha el fantasma del positivismo clásico, susurrando que el juez no es más que la boca inerte de la ley. Por el otro, nos deslumbra la tentación del neoconstitucionalismo, sugiriendo que el juez, embriagado de valores, puede hacerlo todo. Entre el fetichismo del Código y el solipsismo de la conciencia judicial, ¿dónde reside la verdadera ciencia del Derecho?

La respuesta, acaso, nos aguarda en la obra monumental de Wolfgang Fikentscher, Methoden des Rechts. A lo largo de cinco volúmenes, este gigante del pensamiento alemán no se limitó a describir cómo interpretamos las leyes; trazó un mapa de cómo la razón humana puede domesticar el poder a través de la técnica.

Al cerrar las páginas de su Volumen IV, rescatamos cinco lecciones vitales que deberían servir de brújula para el jurista contemporáneo en nuestras latitudes.


1. El Derecho no es texto, es "Justicia Pensada"


La primera lección es un desafío a la desidia intelectual. Fikentscher sentencia: "Recht ist gedachte Gerechtigkeit" (El Derecho es Justicia Pensada). Esto significa que la Ley escrita (Gesetz) no es el Derecho. Es apenas un intento político, perecedero y falible, de capturar la justicia. El Derecho real ocurre cuando el jurista somete esa materia prima a un proceso riguroso de pensamiento (Denken). Para nosotros, latinos, esto es libertador: aplicar la ley no es un acto mecánico de obediencia, sino un acto intelectual de reconstrucción de la justicia normativa.


2. La "Fallnorm": La construcción del caso concreto


Debemos olvidar la subsunción automática. Fikentscher nos enseña que el "átomo" del Derecho no es el artículo frío del Código Civil, sino la Norma del Caso (Fallnorm). El juez no "encuentra" la solución yacente en el código como quien halla una moneda perdida. Necesita construir la Fallnorm que enlaza el hecho específico con el valor del sistema. Tal como en el ejemplo del "Hotel Garni", donde el juez debió extender el concepto de riesgo, esta construcción no es invención; es la técnica de hacer aterrizar la norma en la rugosa realidad (Sachgerechtigkeit). El sistema jurídico no vive en los libros, vive en la suma de estas decisiones concretas.


3. La unidad del método: Adiós a Savigny


Durante siglos, recitamos la lista de Savigny (gramatical, lógico, histórico, sistemático) como si fuera un menú donde elegimos el plato del día. Fikentscher demuele esa costumbre. Propone la Unidad del Método. El jurista no escoge un método; debe operar una matriz que cruza el Sistema (Lógica) con el Tiempo (Historia) y los Valores (Teleología). Una decisión que es lógicamente perfecta, pero históricamente ciega o teleológicamente injusta, es metodológicamente errónea. La Fallnorm solo es legítima si sobrevive al fuego de los cuatro cuadrantes.


4. La filosofía "Eleutérica": La libertad como límite


Acaso sea esta la lección más urgente para nuestras frágiles democracias. Fikentscher rechaza el "Monismo" —esa idea de que el Estado o la Historia son dioses infalibles—. Abraza, en cambio, el Dualismo Eleutérico (del griego eleutheria, libertad). Esto implica que el juez debe tener un "punto de apoyo" fuera del poder estatal para poder criticarlo: la dignidad humana y la responsabilidad individual. La metodología jurídica sirve, en última instancia, para garantizar que el Estado (César) no invada la esfera de la conciencia libre (Dios). El juez es el guardián del "espacio libre de Derecho" (rechtsfreier Raum), impidiendo que la burocracia asfixie la vida.


5. El jurista como agente cultural (Kulturaufgabe)


Finalmente, Fikentscher eleva nuestro oficio. El Derecho no es una técnica de dominación, es una Tarea Cultural. En sociedades plurales y conflictivas como las nuestras, el jurista es el mediador que conjura la violencia. Al usar la metodología para construir consensos racionales y decisiones fundamentadas, el jurista civiliza el poder. Transforma el rugido bruto del conflicto en un debate ordenado.


Conclusión: El coraje de la razón


Fikentscher no nos ofrece un camino fácil. Su metodología exige cultura histórica, rigor lógico y coraje moral. Pero, en tiempos de simplificaciones populistas y activismos sin cauce, volver a Methoden des Rechts es recordar que la Democracia no se sostiene solo con votos, sino con una comunidad de juristas capaces de pensar la justicia con rigor y libertad.


 
 
 

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