El jurista es un cazador: la decisión justa, su presa esquiva
- gleniosabbad
- 29 nov 2025
- 3 Min. de lectura
“Methode ist der Weg zu dem als Jagdziel vorgestellten Recht.”(El método es el camino hacia el Derecho imaginado como blanco de caza.)— Wolfgang Fikentscher, Methoden des Rechts
Por Glênio S. Guedes ( abogado de Brasil )
A menudo, la imaginación moderna ha querido reducir la figura del jurista a la de un frío arquitecto que levanta estructuras lógicas, o peor aún, a la de un mecánico que aprieta las tuercas de la norma sobre la carne de la realidad. Sin embargo, en las páginas abismales de su obra monumental, el profesor Wolfgang Fikentscher nos rescata de esa aridez técnica para devolvernos una imagen mucho más antigua, más visceral y vibrante: la del cazador. Para él, la justicia no es un objeto inerte que aguarda ser recogido en el camino; es una presa arisca, una criatura que respira y se oculta, y que exige ser cercada, rastreada y, solo si el método es propicio, alcanzada.
La catedral inacabada de Fikentscher
Antes de adentrarnos en la espesura de esa cacería, es preciso contemplar el vasto territorio que la hace posible. Methoden des Rechts in vergleichender Darstellung no es simplemente un libro; es un acontecimiento del espíritu. A lo largo de sus cinco volúmenes, Fikentscher no se contentó con describir las costumbres interpretativas de la Alemania contemporánea. Emprendió, más bien, un viaje antropológico por la geografía humana, desde los ritos tribales perdidos en la noche de los tiempos y el pensamiento mágico, hasta las sofisticadas dogmáticas del Common Law y la tradición continental.
Su ambición tenía algo de desmesura: forjar una "Metateoría" capaz de explicar el fenómeno jurídico en cualquier latitud. Y lo que encontró latiendo en el corazón de todos los sistemas no fue la frialdad del código, sino el sufrimiento (Leid) y la incesante necesidad humana de conjurarlo.
El Derecho como "Justicia Pensada"
En los cimientos de su construcción dogmática, Fikentscher nos entrega una definición lapidaria que debería servir de brújula en medio de la tormenta:
"Recht ist gedachte Gerechtigkeit." (El Derecho es Justicia Pensada).
En esa frase breve resuena una tensión dialéctica formidable. El Derecho no es la Justicia pura —esa pertenece a la teología o a los sueños morales, inalcanzable en su plenitud divina—. Pero tampoco es el mero pensamiento técnico, la lógica desalmada. El Derecho ocurre en el encuentro, en ese instante en que sometemos el anhelo ideal de Justicia a las herramientas rigurosas del Pensamiento (Denken). Es el esfuerzo racional por materializar un valor sagrado. Sin la idea de Justicia, el Derecho es tiranía ciega; sin el pensamiento metódico, es sentimentalismo ineficaz.
La cacería metodológica
Es aquí donde la metodología cobra su verdadero sentido dramático. Si el Derecho es "Justiça Pensada", el Método (Methodos, el camino hacia) es la estrategia para consumar ese pensamiento. Rescatando una vieja tradición platónica, Fikentscher describe la labor del juez y del jurista como una cacería (Jagd).
La decisión justa es la presa. No está dada de antemano. Se esconde entre las brumas de los hechos contradictorios y la abstracción de las normas. Es un blanco móvil, una verdad que, como bien sabía Fikentscher, tiende a huir de quien la observa.
El jurista no sale a esta caza con las manos vacías. Lleva consigo el "Sistema". Pero, a diferencia de los sistemas cerrados y asfixiantes, Fikentscher nos recuerda que el sistema de Occidente —ese que él llama "eleutérico", hijo de la libertad— es un sistema abierto y perspectivo. Mira hacia el futuro, hacia los fines (Zweck). Las normas son las redes y las lanzas que la cultura nos ha legado para intentar capturar esa solución correcta.
Y el buen cazador es aquel que duda. En nuestra tradición, la duda cartesiana no es una debilidad, sino el motor del hallazgo. El juez debe dudar de las primeras impresiones, desconfiar de la aplicación mecánica, para encontrar el rastro fresco de la verdadera justicia.
La humildad ante la vida
Acaso la lección más bella de Fikentscher sea la de una humildad epistemológica. Al comparar al jurista con un cazador, admite la posibilidad del fracaso. El método jurídico posee una "función de imprecisión" (Unschärfefunktion). No siempre logramos abatir la presa perfecta; a veces la justicia se nos escapa entre la maleza.
Sin embargo, el método es lo que nos otorga la legitimidad para intentarlo. Es la garantía de que no disparamos al azar, sino que seguimos un ritual racional en busca de la verdad.
En este mundo cada vez más automatizado, donde se nos promete una "justicia predictiva" dictada por algoritmos y máquinas insomnes, volver a Fikentscher es un acto de resistencia. La máquina puede procesar datos, pero no sabe cazar. Solo el jurista humano, armado con su cultura, con su angustia ante el caso y con su técnica depurada, puede asomarse al enmarañado bosque de la vida y tratar de capturar esa presa fugitiva a la que insistimos en llamar Justicia.


Comentarios