El zapatero de Córdoba y el arte de dictar sentencia: La lección magistral de Averroes
- gleniosabbad
- 30 nov 2025
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Por Glenio S. Guedes ( abogado de Brasil )
Hoy les quiero hablar de un juez-filósofo llamado Averroes. Pero no se me vayan a asustar con los títulos rimbombantes, ni crean que les voy a soltar una cátedra de esas que duermen hasta a las ovejas. No, señor. Lo que les traigo es una historia que tiene más de ochocientos años y que, sin embargo, parece escrita esta mañana para los noticieros de aquí.
Resulta que este hombre, que era una verdadera lumbrera —médico de califas y magistrado supremo en la Córdoba de los naranjos—, tenía una forma muy curiosa y castiza de explicar qué significaba ser un buen abogado. Para que todo el mundo lo entendiera, desde el visir hasta el tendero, él usaba una comparación genial por su sencillez. Decía que los juristas de su tiempo se parecían a dos tipos de zapateros.
Oigan bien la vaina: el primer zapatero es ese que tiene la tienda llena de zapatos ya hechos, listos y empolvados en la estantería. Cuando llega el cliente, el tipo trata, a la fuerza y con empujones, de meterle el pie en un zapato que no es de su talla. Si le aprieta, que se aguante el dolor. El segundo zapatero, el verdadero maestro, es el que tiene el cuero virgen, las herramientas afiladas y conoce la anatomía del pie humano. Ese artesano no vende lo que tiene almacenado; fabrica lo que el cliente necesita.
Pues bien, resulta que, en el siglo XII, la mayoría de los libros de derecho islámico eran como esa tienda de zapatos viejos: un montón de casos resueltos de memoria, listos para ser repetidos como loros, sin pensar si le servían a la gente o no. Contra esa pereza mental, Averroes escribió su obra maestra, un libro con un nombre que parece un trabalenguas pero que es una joya: la Bidaya al-Mujtahid, que en cristiano viene significando "El comienzo para el estudioso que se esfuerza".
Este no es un simple manual de leyes; es la biblia del "cómo pensar". Aquí se juntan las tres almas de Averroes para enseñarnos a fabricar el zapato de la justicia.
I. El Juez: La guerra contra la copia barata
Averroes escribió este libro harto de la mediocridad. Siendo juez en Sevilla y en Córdoba, veía a sus colegas practicando lo que llamaban el Taqlid, que no es otra cosa que la imitación ciega. "Así lo dijo el maestro hace cien años, y así se hace". Averroes, en cambio, defendía el Ijtihad, que es el esfuerzo de usar la propia cabeza para interpretar la norma.
En su libro, él no se conforma con decir "esto es pecado" o "esto es legal". Él pone sobre la mesa las opiniones de todas las escuelas jurídicas, las analiza con la calma de un magistrado de la Corte Suprema, y separa el grano de la paja. Nos enseña que la ley no es repetir, sino entender.
II. El Filósofo: Buscando el porqué de las cosas
Si el juez dicta la sentencia, el filósofo busca la causa. La gran revolución de este libro es que Averroes le mete lógica aristotélica al derecho. Él se pregunta: ¿Por qué diablos no se ponen de acuerdo los juristas? Y, como un detective, encuentra las causas del problema: a veces una palabra en el texto sagrado tiene doble sentido; a veces hay una contradicción aparente entre lo que dice el Corán y lo que dijo el Profeta; o a veces, simplemente, el caso es nuevo y toca usar la analogía.
Averroes nos enseña que la duda no es mala. Al contrario, entender por qué discrepamos es el primer paso para ser tolerantes. La certeza absoluta, mis amigos, es cosa de fanáticos; la justicia humana se mueve en el terreno de lo probable.
III. El Médico: La ley como un cuerpo vivo
Y aquí viene la parte que más me gusta, la que le pone el alma al asunto. No olvidemos que Averroes era el médico del Califa. Para él, la Ley (la Sharia) no es una piedra fría y muerta; es un organismo vivo que necesita equilibrio.
Él aplica el método clínico al tribunal. El juez tiene que diagnosticar el "caso particular" —que viene siendo el síntoma— y aplicar la "regla universal" —que es el remedio—. Pero ojo: hay que mirar la constitución del paciente. Si usted le da la misma pastilla a todo el mundo, termina matando al enfermo. En el derecho pasa igual: si aplicamos la letra muerta sin mirar la realidad social, terminamos matando el espíritu de la justicia, que es la equidad.
Conclusión: Una vacuna contra el fanatismo
Han pasado siglos y la Bidaya al-Mujtahid sigue tan fresca como el primer día, mientras que los otros libros de su época ya se los comieron las polillas. Y sigue viva porque Averroes no nos dio las respuestas, sino que nos enseñó a hacer las preguntas correctas.
Al juntar la autoridad del juez, la lógica del filósofo y la sensibilidad del médico, este sabio cordobés nos dejó la herramienta más poderosa contra el fanatismo. Nos enseñó que el derecho no es el capricho de un tirano, sino el terreno sagrado donde la razón humana se esfuerza, con humildad, para que el zapato de la ley no le talle al pie de la sociedad.
¡Qué gran lección nos dejó el zapatero de Córdoba!


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