Encontré a Galeno en la FILBo 2026
El libro que un abogado brasileño les recomendaría a los estudiantes colombianos de Medicina
“La hermenéutica pregunta qué significa el texto; la ecdótica pregunta, antes, cuál es el texto.”
Por Glênio S Guedes (abogado de Brasil)
Encontré a Galeno en la FILBo de 2026. No estaba firmando libros, naturalmente. Llevaba muerto unos dieciocho siglos y, aun así, seguía dando trabajo a médicos, traductores y filólogos.
Apareció en El médico de Pérgamo, novela del colombiano Orlando Mejía Rivera, publicada por la Universidad de Caldas. La compré entre pabellones atestados, altoparlantes infatigables y ese olor a papel nuevo que todavía se resiste a la digitalización. Después de leerla, pensé en una pregunta algo atravesada: ¿qué libro podría recomendarles un abogado brasileño a los estudiantes colombianos de Medicina?
Este.
No porque los abogados debamos recetarles lecturas a los médicos —bastante peligroso resulta cuando algunos médicos pretenden recetarnos leyes—, sino porque la novela enseña algo que las facultades suelen olvidar: antes de obedecer a una autoridad, conviene averiguar cómo llegó hasta nosotros.
El libro comienza con una “Nota del editor”. En ella se cuenta que, en 2010, habría aparecido el Galeni Memorialis, traducción latina de una autobiografía griega desconocida de Galeno, escondida entre las páginas de un comentario renacentista a su Microtechne.
La historia está provista de fechas, nombres, bibliotecas y títulos latinos. Todo parece tan serio que dan ganas de pedirle la cédula al manuscrito. Sin embargo, no existe registro filológico independiente de aquel hallazgo. Todo indica que el documento forma parte del artificio narrativo de Mejía. El anatomista Ingrassia existió; su comentario sobre Galeno, también; los problemas de transmisión textual son reales. Al parecer, Mejía inventó el conejo, pero la chistera es auténtica.
Y allí comienza la lección.
No poseemos a Galeno como se posee un libro recién impreso, revisado por el autor y acompañado de fe de erratas. Tenemos lo que sobrevivió a siglos de copias, pérdidas, incendios, traducciones, glosas e interpolaciones. Entre el médico que escribió en griego y nosotros hay una multitud de copistas, monjes, sabios árabes, traductores siríacos, humanistas y filólogos. Algunos conservaron sus palabras; otros las modificaron. No faltaría quien hiciera ambas cosas y quedara satisfecho con el servicio.
De eso se ocupa la ecdótica.
Segismundo Spina, nuestra principal guía doctrinal, explica que la crítica textual procura establecer el texto mediante la reunión y comparación de sus testimonios: manuscritos, ediciones, citas, comentarios y traducciones. Dicho sin muceta académica: la hermenéutica pregunta qué quiere decir una frase; la ecdótica averigua primero si esa era la frase.
En Galeno, las traducciones fueron decisivas. Algunos escritos desaparecieron en griego, pero sobrevivieron en versiones siríacas, árabes o latinas. La traducción dejó entonces de ser inquilina del original y heredó la casa. Galeno no viajó directamente de Pérgamo a las universidades europeas: atravesó lenguas, religiones y escuelas médicas. Llegó a Occidente con una respetable historia multicultural, aunque después lo presentaran como pasajero de un vuelo sin escalas.
Todavía hoy continúa esa reconstrucción. El Corpus Medicorum Graecorum/Latinorum publica ediciones críticas de textos médicos antiguos, compara manuscritos y recupera obras de origen griego conservadas en lenguas orientales. Las Cambridge Galen Translations, procedentes del proyecto Towards a Galen in English, ofrecen traducciones inglesas con introducciones, notas, glosarios e índices.
Actualizar a Galeno no significa reescribirlo como si Pasteur le hubiera enviado un correo atrasado. Significa mejorar las condiciones para leerlo: incorporar nuevos testimonios, revisar variantes, corrigir atribuciones y traducir sin disfrazar la medicina antigua con palabras contemporáneas.
¿De qué Galeno hablamos, entonces? Del hombre histórico; del autor preservado por copistas y traductores; del texto reconstruido por filólogos; y del médico presentado en lenguas modernas. Ninguno es enteramente falso. Ninguno coincide por completo con los demás.
Por eso recomendaría esta novela. Un estudiante de Medicina también trabaja con conocimientos transmitidos: artículos, protocolos, guías clínicas y traducciones. Antes de preguntar si una afirmación es verdadera, debe saber quién la escribió, qué versión está leyendo y qué se perdió en el camino.
Durante siglos discutimos si Galeno tenía razón. Tal vez debimos comenzar por algo más modesto:
¿Qué dijo realmente Galeno?
Salí de la FILBo con una novela colombiana y terminé encontrando una lección de método científico. Nada mal para un abogado brasileño que entró a la feria sin fórmula médica.
Bibliografía
MEJÍA RIVERA, Orlando. El médico de Pérgamo. 2.ª ed. Manizales: Editorial Universidad de Caldas, 2020.
SPINA, Segismundo. Introdução à edótica: crítica textual. 2. ed. rev. e atual. São Paulo: Ars Poética; Editora da Universidade de São Paulo, 1994.


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