¿Fernando González Ochoa fue filósofo? ¡Hombre, y con sombrero filosófico!
- gleniosabbad
- 12 feb
- 3 min de lectura
Por Glênio S Guedes ( abogado de Brasil )
Si en alguna parte del mundo alguien preguntara “¿para ser filósofo hay que escribir con voz de experto incomprensible?”, estoy casi seguro de que Fernando González se daría vuelta, levantaría una ceja y respondería:
“No, pero ayuda tener buen sombrero.”
Sí, porque cuando uno piensa en filosofía, viene a la mente esa imagen clásica: libros empolvados, citas con nombres imposibles y debates donde nadie sonríe hasta que el diccionario de turno dé la palabra. Pero Fernando González, con su pluma vivaz y su risa burlona, entró exactamente por la puerta opuesta.
Él no era de los que alineaban términos técnicos como fichas de dominó. Más bien se paseaba por la vida con la naturalidad de quien pregunta: ¿y si la vida no es eso que me dijeron en la escuela? ¿y si es otra cosa?
Y así, mientras los filósofos de salón discutían si el sujeto es sujeto o sujeto es sujeto, González seguramente estaría tomando café, mirando a la gente pasar… y filosofando con esa mezcla de realismo y picardía que solo se aprende en la vida, no en los manuales.
Un ejemplo aplicado a nuestra vida moderna (sí, con tuit y todo):
Imagina a alguien caminando con el teléfono en mano, listo para subir la foto perfecta del almuerzo, del libro, de la frase profunda (con hashtag incluído). Ahora escucha a González —quizá desde una esquina con su sombrero elegante, observando a la multitud digital— y escucha decir con ese tono que combina paciencia con picardía:
“No publiques para parecer sabio; vive para sentir sabiduría.”
Eso, señores, no es solo una frase bonita —es una forma de pensar la vida tal y como ella se presenta, sin filtros, sin retoques. Y eso… eso es filosofía con sabor a realidad.
Porque, si ser filósofo significara medir la vida por “likes”, entonces muchos pensamos antes de ser pensadores que un buen meme tiene más valor que una tesis interminable. Pero González —sin redes ni emojis— ya sabía que la vida se piensa más con el corazón que con algoritmos.
¿Fue filósofo? ¡Claro que sí!
Ahora, si usted va a preguntar si González fue filósofo como Platón o como Kant (léase: con toga y pátina de autoridad universitaria), diría que fue algo mejor: filósofo con humor e intuición.
Porque en su filosofía:
✔ no hay polvo de biblioteca,✔ no hay fórmulas de exportación,✔ no hay citas que nadie recuerda.
Lo que hay es:
🌿 Vida verdadera☕ Café reflexivo😏 Una sonrisa que desarma pretensiones
Y cuando uno se pone a pensar de esa forma, ya no importa tanto si la frase está en un tratado ultraformal o en un cuaderno con manchas de café. Lo importante es que esa frase nos obliga a mirarnos, a interrogarnos y a reírnos de nuestras propias certezas.
Esa es la verdadera filosofía —no la que se escribe con voz grave y académica, sino la que nos provoca a vivir con mayor lucidez y menos impostura.
Así que, si la pregunta vuelve a sonar —ya sea en clase, en una tertulia o incluso en la fila del supermercado:
“¿Fernando González Ochoa fue filósofo?”
La respuesta no puede ser otra que:
¡Sí! Fue filósofo sin toga, con sombrero de pensar y con sentido del humor para hacer filosofía incluso en los lugares menos esperados.
Y si alguien todavía duda, probablemente es porque no ha probado pensar con la misma honestidad con que González pensó la vida: sin solemnidad impostada, pero con una sonrisa crítica que revela verdades profundas.


Comentarios