Gargi y los orígenes de la metafísica india
- gleniosabbad
- 16 jun
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Cuando una mujer interrogó al universo: conocimiento, realidad y ser en los albores del pensamiento védico
"Aquello que está por encima del cielo, por debajo de la tierra y entre ambos: ¿en qué está tejido?"
— Pregunta atribuida a Gargi Vachaknavi en el Brihadaranyaka Upanishad
El autor expresa su agradecimiento a la Feria Internacional del Libro de Bogotá (FILBo 2026), que tuvo a la República de la India como país invitado de honor. Las exposiciones allí presentadas, especialmente las dedicadas a las mujeres pensadoras de la India y a sus tradiciones literarias, inspiraron parte de las reflexiones desarrolladas en este ensayo.
Por Glênio S Guedes (abogado de Brasil)
Hay personajes que la historia convierte en estatuas y otros que deja sentados en una banca, esperando que alguien vuelva a conversar con ellos. Gargi Vachaknavi pertenece a este segundo grupo.
Mientras generaciones enteras han aprendido los nombres de Sócrates, Platón o Aristóteles, pocos han oído hablar de esta pensadora de la antigua India que, hace más de dos mil años, participó en debates sobre la naturaleza última de la realidad. No porque le faltara grandeza intelectual, sino porque la memoria humana suele ser selectiva y, a veces, tan caprichosa como un notario distraído.
Gargi aparece en las Upanishads, especialmente en el Brihadaranyaka Upanishad, una de las fuentes más profundas del pensamiento védico. Allí no figura como discípula silenciosa ni como espectadora decorativa. Interroga, desafía y obliga a pensar.
Durante una célebre asamblea filosófica convocada por el rey Janaka, los sabios discuten sobre el universo y el conocimiento. Entre ellos sobresale Yajnavalkya. Es entonces cuando Gargi formula una pregunta que ha atravesado los siglos sin perder su fuerza:
¿En qué está tejido el mundo?
La imagen es sencilla y poderosa. Si la realidad es una tela, debe haber hilos. Si hay hilos, debe existir un soporte. Y si existe un soporte, ¿qué sostiene a ese soporte?
La pregunta parece ingenua. No lo es.
En realidad, apunta al corazón mismo de la metafísica: la búsqueda del fundamento último de todo cuanto existe.
Mucho antes de que los filósofos griegos discutieran sobre el principio de las cosas, Gargi ya planteaba una cuestión semejante. No quería saber cómo funciona el mundo, sino por qué existe. No preguntaba por los fenómenos, sino por aquello que los hace posibles.
Esa es la esencia de la metafísica.
Por ello, Gargi merece ser reconocida como una de las primeras filósofas documentadas de la humanidad.
Pero su importancia no radica únicamente en la antigüedad de sus preguntas. También reside en su actitud intelectual.
Gargi no se conforma con respuestas fáciles. No se deja intimidar por la autoridad. Insiste, profundiza y vuelve a preguntar. Comprende que el conocimiento no avanza por la comodidad de las certezas, sino por la incomodidad de las dudas.
Quizá ahí se encuentre una de sus enseñanzas más actuales.
Vivimos en una época que produce respuestas con admirable rapidez. Los algoritmos responden en segundos. Los motores de búsqueda parecen saberlo todo. Sin embargo, seguimos sin resolver algunas preguntas fundamentales: ¿qué es la conciencia?, ¿qué es la realidad?, ¿existen límites para el conocimiento humano?
Las preguntas de Gargi continúan abiertas.
Y continúan abiertas porque pertenecen a esa categoría de interrogantes que acompañan a la humanidad desde sus primeros pasos intelectuales.
Su figura también nos recuerda otra verdad frecuentemente olvidada: la historia del pensamiento no fue construida únicamente por hombres ni nació exclusivamente en Occidente. Mucho antes de las universidades modernas, mujeres como Gargi ya participaban en discusiones filosóficas sobre el ser, el conocimiento y el universo.
Por eso su legado trasciende la India antigua.
Gargi representa la valentía de preguntar cuando todos creen tener respuestas. Representa la inteligencia que no se inclina ante el prestigio y la curiosidad que no acepta fronteras.
Al final, quizá su mayor enseñanza sea esta: las civilizaciones avanzan cuando alguien se atreve a formular una pregunta que parecía imposible.
Y algunas de esas preguntas, como las de Gargi, siguen esperando respuesta.


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