Juan Gossain, mi maestro en español colombiano
- gleniosabbad
- 26 nov 2025
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 1 dic 2025
por Glênio S. Guedes (abogado de Brasil)
En homenaje y reverencia total a Pizarrichita
“Vainazo, por ejemplo, es sinónimo de aquello que se consigue sin habérselo propuesto. Es decir, el chiripazo.”(Juan Gossain, Las Palabras más Bellas, Intermedio, 2018, p. 146)
Hablo español con acento, y a veces digo unas vainas monumentales. No me avergüenza. El que siente pena jamás aprende un idioma. Pero cuando escribo, me convierto en un obsesivo del detalle. Les suplico a mis amigos colombianos que me corrijan, pero ellos —perezosos y condescendientes— me dejan seguir desbarrancándome por el idioma como si nada.
Por eso adopté a Juan Gossain como mi Corte Constitucional del español colombiano. Si mis amigos no me frenan, él me detiene con una carcajada, un ejemplo, o una historia que tiene más pedagogía que muchos manuales de gramática. Y como enseña la sociología universal: uno imita al que admira. Pues bien, yo ya estoy perdido.
Entre sus libros, el que más quiero es Las palabras más bellas. Y mi capítulo favorito es “Vaina, la palabra más útil del lenguaje colombiano”. Desde el título mismo se siente que ahí hay sabiduría pura, envuelta en humor costeño.
La vaina como filosofía de vida
Gossain arranca diciendo que no sabe por dónde empezar esa vaina. Y ahí, sin proponérselo, ya demostró la utilidad universal del término. Vaina sirve para lo que uno no sabe, lo que no quiere explicar, lo que quiere disimular o lo que simplemente se le olvidó.
Es el salvavidas del colombiano:—¿Trajiste la vaina?—Claro, más tarde arreglamos esa vaina.
Y ya está. Ni Wittgenstein habría sido tan eficaz.
Si la DIAN cobrara impuestos por cada vez que un colombiano dice “vaina”, la recaudación sería tan maravillosa que pagarían la deuda externa, construirían cien metros de Metro en Bogotá y hasta sobraría para arreglar la carretera al Llano.
Lo que cabe en una vaina
Lo increíble es que vaina puede ser todo y su contrario: algo delicioso, algo espantoso, algo magnífico, algo mediocre. La vida entera cabe ahí. El colombiano puede describir su día —emociones, desgracias, triunfos, amores, heroísmos— con una única palabra.
Ningún término se repite tanto como este. Y lejos de arruinar el idioma, lo vuelve cariñoso, manejable, negociable. Vaina es la diplomacia verbal del país. Una mantequilla lingüística.
Vainazos, chiripazos y otras artes marciales verbales
Gossain explica que vainazo fue considerado vulgar por los eruditos. Hoy lo usa el país entero, incluyendo las señoras más compuestas, justo después de salir de misa:—“Ese político sí echó un vainazo elegante, mijito.”
En Bolívar, el que lograba algo sin proponérselo “se había vainado”. En el Valle del Cauca existía el verbo vainar, que era obtener algo por chiripa. La vida misma, pues.
De Roma al Caribe: la vaina viene de lejos
Lo más divertido del capítulo es cuando Gossain revela que vaina viene de vagina, del latín, que no era lo que uno piensa: significaba funda, estuche, envoltura de la espada.
Con el tiempo, los campesinos españoles comenzaron a llamar así el estuche del fríjol, de la arveja, del garbanzo. Y así, empacada en un barco cualquiera, llegó a América, donde floreció como fruta tropical.
¿Quién iba a creer que esta palabra tan criolla tiene apellido romano?
Colombia es una vaina (en el buen sentido)
En 1810, cuando el país quiso modernizar su idioma, algunos pensadores quisieron prohibir vaina. No les sirvió de nada. La palabra resistió desprecios, decretos, críticas, y siguió su camino como la cucaracha de las fábulas: ni golpes, ni escobas, ni filólogos la derrotaron.
Los primeros lingüistas creían que solo la usaban quienes hablaban rápido y sin pensar. Nada de eso. La verdad es que todo colombiano dice vaina porque es la palabra más democrática del país: la entiende el taxista, la abuela, el juez, el tendero, el estudiante y el que vende obleas en el parque.
Casos que lo prueban
En la Bogotá del siglo XVIII, al presumido lo llamaban “Juan Vainas”. En Cuba, la palabra existe hace más de trescientos años. En la Costa colombiana, hasta las damas más elegantes la pronuncian con la misma naturalidad con que piden un jugo de corozo.
La patria universal de la vaina
Hoy Colombia es, sin duda, la nación donde vaina adquirió más significados.—Para reclamar: “¿Cuál es tu vaina?”—Para oler: “Cómo huele esa vaina.”—Para elogiar: “Qué vaina tan buena.”—Para despreciar: “Qué vaina tan mala.”—Para resignarse: “Así es la vaina.”—Para negar con ímpetu nacional: “Ni de vainas.”
Cada una es una radiografía del alma colombiana: humor, ironía, ternura, cansancio y sabiduría callejera.
Por eso escribo
Porque aprender vaina es aprender Colombia. Y porque Gossain me enseñó que el idioma no solo se obedece: también se goza.
Si algún día logro escribir español colombiano con naturalidad, será —sin duda— por culpa de esa vaina de Juan Gossain.


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