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La Batalla Global por la Inteligencia: ¿estamos preparados?

  • Foto del escritor: gleniosabbad
    gleniosabbad
  • 27 nov 2025
  • 4 Min. de lectura

Por Glênio S Guedes ( abogado de Brasil )

“La Guerra Educativa del Siglo XXI: ¿Brasil y Colombia pueden enfrentar a Asia?”


En tiempos de mutaciones profundas, cuando las naciones dejan de medir su poder por el peso de sus industrias y empiezan a medirlo por la calidad de sus sistemas educativos y por la vitalidad de su pensamiento colectivo, la pregunta que recorre América Latina es más urgente que nunca: ¿estamos preparados para disputar el futuro?

Hoy, la integración de la inteligencia artificial en la educación no es un experimento académico ni un adorno tecnológico: es a la vez un instrumento de desarrollo, un mecanismo de soberanía y un umbral decisivo para el ingreso en la economía del conocimiento. Mientras tanto, en los países más dinámicos de Asia, esa integración se ha convertido en política de Estado, en disciplina cultural y en apuesta nacional por las próximas décadas.


1. Asia: donde el futuro se planifica y no se improvisa


En China, Hong Kong y Corea del Sur, la IA forma parte de un ecosistema educativo coherente: plataformas digitales que corrigen tareas de manera automática, sistemas que personalizan el aprendizaje según el ritmo de cada estudiante, currículos que integran algoritmos, hardware, robótica, pensamiento crítico y resolución de problemas reales. Nada está aislado: todo responde a un proyecto nacional de largo plazo.

La innovación educativa es tratada como infraestructura, no como experimento. La industria tecnológica trabaja de la mano con las escuelas; los gobiernos establecen metas claras; los docentes reciben formación continua; la investigación académica nutre las políticas públicas. Allí, el futuro no es un discurso optimista: es una construcción diaria.


2. América Latina según Mac Master: la herida de la resignación


Bruce Mac Master, en El Continente de los Países Resignados, describe a la región como un territorio donde demasiadas veces “los resultados mediocres se aceptan como si fueran inevitables”. Es una afirmación dura, pero ilumina de manera precisa la distancia que separa, en materia educativa, a América Latina del dinamismo asiático.

Para Mac Master, nuestras sociedades han perdido algo esencial: la capacidad de indignarse frente al atraso. Muchas veces, los proyectos nacionales se desvanecen al ritmo de los gobiernos; las transformaciones se interrumpen antes de madurar; la falta de continuidad se vuelve paisaje; y la mediocridad se normaliza bajo la apariencia de prudencia.

Ese diagnóstico coincide con la realidad educativa de Brasil y Colombia: esfuerzos dispersos, políticas discontinuas, plataformas tecnológicas que no dialogan entre sí, formación docente insuficiente y, sobre todo, la ausencia de una visión unificada que articule educación, ciencia, tecnología y productividad. No es la falta de talento el problema —pues talento sobra—, sino la falta de propósito duradero.


3. La fragmentación como enemigo del progreso


Mientras los países asiáticos operan como un sistema integrado, Brasil y Colombia funcionan muchas veces como redes desconectadas: universidades que avanzan por su cuenta, escuelas que carecen de apoyo permanente, gobiernos que cambian de rumbo antes de consolidar una política, y un sector privado que, aunque innovador, no siempre encuentra interlocución continua en el Estado.

Mac Master advierte que América Latina sufre una “ausencia de proyectos nacionales estables” y una incapacidad de coordinar esfuerzos para metas comunes”. Esa fragilidad institucional se refleja de manera directa en la educación: sin continuidad, la IA no se convierte en soberanía; sin visión compartida, la tecnología no se vuelve cultura.

Aquí no hablamos de un atraso técnico, sino de un atraso estratégico.


4. Lo que Asia enseña, lo que América Latina debe recuperar


De la comparación emergen tres enseñanzas decisivas:


Primera: la educación debe convertirse en un proyecto de Nación.

Sin continuidad, ningún país puede sostener un ecosistema educativo basado en IA.

Segunda: la indignación es un motor del progreso.

Mientras Asia se moviliza, América Latina a menudo se resigna. Sin indignación frente a los retrocesos, no hay transformación posible.

Tercera: la tecnología exige instituciones fuertes.


Integrar IA no es distribuir dispositivos, sino construir plataformas interoperables, formar maestros, articular ministerios, conectar investigación y sector productivo.


5. ¿Pueden Brasil y Colombia enfrentar el desafío?


La respuesta es afirmativa —si logramos romper con la resignación.

Brasil posee centros de innovación reconocidos mundialmente y una creatividad cultural inagotable. Colombia ha convertido ciudades como Medellín en laboratorios vivos de transformación social y tecnológica. Ambos países cuentan con juventudes dispuestas a aprender y con ecosistemas empresariales que empujan hacia adelante.

Pero nada de eso bastará sin una arquitectura institucional que proteja la educación de los vaivenes políticos y sin una visión estratégica que conciba la IA como un instrumento de desarrollo nacional, no como un lujo.


Conclusión — El proyecto contra la resignación


Mac Master afirma que “las sociedades que renuncian a imaginar su futuro terminan aceptando cualquier presente”. La educación es precisamente el lugar donde esa renuncia comienza —y donde puede terminar.

La batalla global por la inteligencia ya empezó.

Brasil y Colombia aún tienen tiempo de entrar en ella con dignidad, ambición y esperanza.

Pero el tiempo, como la inteligencia, solo favorece a quienes deciden usarlo.


 
 
 

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