Legal Ops: la ciencia secreta que ordena el caos jurídico
- gleniosabbad
- 3 dic 2025
- 3 Min. de lectura
El panel, el GPS y la brújula jurídica: la revolución silenciosa del Legal Ops
Por Glênio S Guedes ( abogado de Brasil )
Hay conceptos que llegan al mundo jurídico como quien abre una ventana en una habitación que llevaba años respirando aire viciado. Uno de esos conceptos es Legal Operations, una palabra que empezó a circular en inglés, pero que ya hace tiempo aprendió a hablar portugués en Brasil, y que poco a poco empieza a murmurar también en los pasillos jurídicos de toda América Latina. No es solo una técnica: es una manera distinta de mirar el oficio, como si el Derecho, de repente, hubiera encontrado un espejo donde comprender sus propios pasos.
Durante décadas, el abogado brasileño —como el colombiano, el peruano, el argentino— manejó su profesión como quien conduce un carro sin ayudas electrónicas: confiando en la intuición, en el oído del motor, en el olor del aceite quemado. Era un artesano solitario, cargando expedientes, atendiendo clientes, pagando cuentas y redactando piezas, todo al mismo tiempo, sin panel que le advirtiera de los excesos, sin GPS que le mostrara rutas alternativas, sin datos que le ayudaran a prever la tormenta. En ese mundo, la genialidad sustituía la organización, y la jornada jurídica era más un acto de resistencia que una obra de eficiencia.
Pero llegó la era digital, como llegan las lluvias de junio en nuestras cordilleras: inesperadas, inevitables, transformadoras. Con ella vinieron los clientes con urgencias nuevas, vinieron las máquinas que automatizan lo repetitivo, vino la ciencia de los datos que ya no perdona la improvisación. Fue entonces cuando Legal Operations apareció como una brújula para ese navegante ya cansado, ofreciendo un modo diferente de conducir el escritorio.
Porque Legal Ops es eso: un modo de conducción. En el tablero jurídico tradicional, Business Intelligence funciona como el panel del carro: ese cuadro silencioso donde la velocidad, la temperatura y las luces de alerta nos dicen más de nuestra jornada que cualquier intuición. Gracias a ese panel, el abogado puede ver si su carga de trabajo está a punto de recalentarse, si su combustible financiero empieza a agotarse, si algún cliente se volvió una luz roja intermitente.
La ciencia de datos, por su parte, es el GPS del nuevo abogado latinoamericano. No solo registra dónde estamos: analiza trayectos, identifica atascos, predice el tiempo de llegada, sugiere caminos más cortos o más seguros. Allí donde antes el jurista caminaba a ciegas por la selva de plazos, costos y estrategias, ahora una red de información le muestra patrones invisibles, atajos posibles, riesgos previsibles.
Y la cultura data driven es el acto de conducir con sabiduría: no basta tener panel ni GPS si el conductor insiste en avanzar a ciegas. Ser data driven es mirar las señales, corregir el rumbo, desacelerar antes del precipicio, abastecer antes de quedarse varado. Es la decisión madura de usar el conocimiento para avanzar, en lugar de la vieja costumbre de dejar que el azar conduzca por nosotros.
Brasil entendió esto antes que muchos. Por eso, en São Paulo, en Río, en Porto Alegre, los grandes departamentos jurídicos ya son verdaderos centros de operaciones, donde el Derecho convive con ingenieros, analistas, gestores y arquitectos de datos. Pero lo más hermoso es que esa transformación no quedó encerrada en las torres corporativas: llegó al abogado individual, al que trabaja solo en su estudio, al que no tiene equipo pero sí sueños. Porque incluso él —sobre todo él— puede operar como una máquina afinada: automatizando lo repetitivo, organizando su jornada, utilizando su panel, confiando en su GPS.
En Brasil, donde el aparato judicial es monumental y las demandas crecen como la selva, Legal Ops no es un lujo: es un salvavidas. Permite recuperar tiempo para pensar, para escribir, para escuchar. Y también permite algo que la modernidad nos arrebató: la serenidad.
Hoy, el concepto ya habla portugués con naturalidad, y no dudo que lo mismo viene ocurriendo, silenciosamente, en toda América Latina. Porque nuestras cortes, nuestras leyes y nuestras incertidumbres necesitan más que talento individual: necesitan orden, necesitan instrumentos, necesitan rutas. Y Legal Ops, con su panel encendido y su GPS despierto, nos ofrece justamente eso: la posibilidad de conducir el Derecho hacia un destino menos caótico, más humano y más posible.


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