Lo que tres clásicos del jusorçamentarismo brasileño le dirían a Colombia
- gleniosabbad
- 26 dic 2025
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Por Glênio S Guedes ( abogado de Brasil )
Hay leyes que pasan sin ruido y otras que definen, en silencio, el destino de un país. El presupuesto pertenece a esta segunda categoría. No convoca multitudes ni enciende discursos épicos, pero es allí donde el Estado decide qué vidas protege, qué derechos hace posibles y qué futuro considera viable.
Si tres grandes clásicos del jusorçamentarismo brasileño —Aliomar Baleeiro, Ricardo Lobo Torres y Alberto Deodato— observaran hoy el debate presupuestal colombiano, difícilmente comenzarían hablando de ideologías. Hablarían, antes que nada, de método, de responsabilidad y de sentido constitucional.
El presupuesto como acto de conocimiento (Aliomar Baleeiro)
Aliomar Baleeiro enseñó que el presupuesto es el punto de encuentro entre política y ciencia. No negó nunca su dimensión política, pero advirtió que la política solo se legitima cuando se somete al cálculo responsable. Gobernar, para él, implicaba conocer los límites reales de la economía y no confundir deseo con posibilidad.
Desde esa perspectiva, Baleeiro sugeriría a Colombia desconfiar de los presupuestos construidos sobre ingresos inciertos o proyecciones excesivamente optimistas. Un Estado que escribe cifras en las que no cree termina gobernando por ilusión. El cálculo no es frialdad técnica: es una forma de respeto por la realidad social.
El presupuesto como Constitución en movimiento (Ricardo Lobo Torres)
Ricardo Lobo Torres llevó el presupuesto al corazón del derecho constitucional. Para él, el presupuesto no es una ley más, sino la Constitución en movimiento, el lugar donde los derechos dejan de ser promesas abstractas y se transforman —o no— en políticas públicas concretas.
Desde esta mirada, el consejo a Colombia sería claro: el presupuesto no puede vaciar de contenido las decisiones constitucionales previas. Los planes de desarrollo, las prioridades sociales y los compromisos con la igualdad no pueden ser sacrificados cada año en nombre de ajustes coyunturales. Cuando el presupuesto contradice sistemáticamente el proyecto constitucional, la Constitución sigue existiendo, pero deja de gobernar.
El presupuesto como coordinación del Estado (Alberto Deodato)
Alberto Deodato, por su parte, concebía el presupuesto como un instrumento de coordinación. Su preocupación no era solo el equilibrio financiero, sino la unidad de la acción estatal en el tiempo. Un presupuesto fragmentado, advertía, disuelve el propio Estado.
Desde esta perspectiva, Deodato alertaría a Colombia sobre el riesgo de dispersar el gasto público en innumerables pequeñas decisiones sin un hilo conductor. Cuando no hay continuidad ni escala, no hay política pública: hay apenas gestos aislados, incapaces de transformar la realidad.
Una lección común para Colombia
Aunque partían de enfoques distintos, los tres clásicos convergían en una misma enseñanza: un presupuesto sin método debilita al Estado, incluso cuando parece políticamente exitoso. No hay justicia social sin planificación, ni democracia fiscal sin responsabilidad, ni derechos efectivos sin presupuestos creíbles.
El presupuesto, dirían, no es solo una técnica ni solo una ley. Es una forma de ética pública. Revela cuánto un país se toma en serio a sí mismo y cuánto respeta a quienes dice gobernar.
Para Colombia, la lección sería clara: un buen presupuesto no es el más ambicioso en promesas, sino el más honesto en sus números; no el que satisface todas las presiones, sino el que organiza prioridades comunes. Porque cuando el presupuesto deja de ser ficción y vuelve a ser plan, el Estado recupera su capacidad de gobernar con responsabilidad y sentido histórico.
Bibliografía
BALEEIRO, Aliomar. Uma introdução à ciência das finanças. 19. ed. Rio de Janeiro: Forense, 2015.
DEODATO, Alberto. Manual de ciência das finanças. São Paulo: Saraiva, 1969.
TORRES, Ricardo Lobo. Curso de direito financeiro e tributário. 20. ed. Rio de Janeiro: Processo, 2018.


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