Memorias Póstumas de la Patria Boba
- gleniosabbad
- 25 nov 2025
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¿Y si Machado de Assis, leyendo el libro "Historia de Colombia y sus oligarquías" de Antonio Caballero, decidiera contar la historia de la Patria Boba?
Por: Glênio S. Guedes (abogado de Brasil)
¡Oigan bien esta vaina, queridos oyentes, porque la historia tiene más arrugas que un acordeón mal guardado!
Resulta que la libertad, esa señora caprichosa por la que tantos se han matado, no nació aquí entre relámpagos divinos, ni bajó del cielo en carroza de fuego. ¡Qué va! Nació de un chisme, de un montaje de teatreros aburridos, un viernes de mercado en la Plaza Mayor de Santafé, cuando el olor a chicha se mezclaba con la conspiración.
Permítanme decirles una cosa, con la franqueza de quien ya ha visto el cadáver de la historia enfriarse: la naturaleza humana es una cosa tenaz. A nuestros "próceres", esos caballeros de apellido largo y moral elástica —los Torres, los Lozano, esa oligarquía leguleya que describe el genial Caballero— no les dolía el alma; les dolía el orgullo. Su problema no era la tiranía, era que no los invitaban a la fiesta del presupuesto.
Entonces, armaron el libreto. ¡Puro teatro, mis amigos!
Imaginen la escena, digna de un sainete de mala muerte. El plan no era liberar a los oprimidos, no señor. El plan era ir a joderle la vida a un tendero español, don José González Llorente, un chapetón que tenía la desgracia de vender cachivaches en la esquina más caliente del virreinato.
La carnada era un florero. Un simple y ridículo florero de porcelana.
Antonio Morales, que se creía actor de drama griego pero no pasaba de comediante de plaza, fue a pedirlo prestado. Ojo al detalle: fue a pedir prestado algo que sabía que no le iban a prestar. Es la ironía suprema, mis queridos: buscar la ofensa con lupa para poder indignarse con ganas. Es como aquel que busca la fiebre en el termómetro sólo para no ir a trabajar.
Y claro, Llorente, que debía tener el hígado frito de tanto aguantar a estos criollos picados de nobleza, soltó la lengua. Dicen las malas lenguas —que son las que escriben la historia— que el hombre dijo que "se cagaba en los americanos". ¡Háganme el favor! Una frase vulgar, sí, escatológica, tal vez, pero ¿motivo para fundar una República? ¡No me jodan!
Pero ahí estaba la trampa. Apenas el español abrió la boca, se armó la de Troya. O mejor dicho, la de San Quintín.
Y aquí entra el tal José María Carbonell. ¡Ah, Carbonell! El agitador, el "chispero". Ese personaje que en mis novelas sería el que lleva y trae razones, aquí se dedicó a correr por los barrios como alma que lleva el diablo, gritando que los españoles querían acabar con nosotros. Mentira podrida, claro está, pero al pueblo, a esa masa voluble que hoy aplaude y mañana tira piedra, le encanta un buen pánico.
"¡Están insultando a la patria!", gritaban. Y la patria, señores, en ese momento, era un florero roto y un banquete que nunca se sirvió.
Lo que siguió, ya lo cuenta Caballero con esa pluma que corta como navaja de barbero: sacaron al Virrey, pero con escolta, porque ante todo la decencia entre caballeros. Y así, entre gritos y sombrerazos, fundaron la Patria Boba.
¡Y qué nombre tan bien puesto, carajo! Porque la estupidez humana, cuando se disfraza de patriotismo, no tiene límites. Mientras España afilaba la guillotina para la Reconquista, nuestros doctores se pusieron a discutir leyes en latín y a pelear entre vecinos por si el gobierno debía ser centralista o federalista.
Al final, mis queridos, ¿qué nos queda de todo esto? La certeza de que el hombre es el mismo en Río de Janeiro que en Santafé de Bogotá: un animal vanidoso que es capaz de incendiar el mundo por un adorno de mesa.
Como diría aquel difunto amigo mío, Brás Cubas: "No tuve hijos, no transmití a ninguna criatura el legado de nuestra miseria". Pero aquí, en esta tierra del Sagrado Corazón, parece que la miseria se reproduce sola, y cada veinte de julio celebramos, con bombos y platillos, el día en que un florero nos condenó a ser eternamente, y gloriosamente, bobos.
¡Qué vaina tan jodida!
BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA A LOS GUSANOS Y A LOS VIVOS
(Por orden de irrelevancia de las vanidades humanas)
1. La Fuente de la Discordia (y de la Verdad): CABALLERO, Antonio. Historia de Colombia y sus oligarquías. Bogotá: Crítica / Biblioteca Nacional.
Nota del Autor: Obra indispensable para desnudar a las estatuas de mármol y ver la carne (y los huesos) que hay debajo. Donde se prueba que la tinta de los abogados y la sangre de los soldados son los únicos líquidos que realmente fluyen en la historia, además, claro está, del aguardiente.
2. El Manual de Estilo: CUBAS, Brás (Difunto Autor). Memórias Póstumas. Río de Janeiro: Tipografía de Ultratumba.
Nota del Autor: Tratado fundamental sobre la ventaja de escribir sin la furia de la crítica ni el miedo al código penal. La única edición confiable es aquella revisada y ampliada por la polilla, la crítica literaria más imparcial del universo.
3. El Objeto del Delito: LLORENTE, Florero de. Fragmentos y Tiestos de una República. Edición Única (y rota), 20 de Julio de 1810.
Nota del Autor: "Libro" de difícil lectura, pues se encuentra esparcido por el suelo de la historia. Su contenido prueba la tesis de que las grandes tragedias pueden comenzar por causa de una porcelana mal prestada y de un ego mal resuelto.
4. La Filosofía Aplicada: BORBA, Quincas. Humanitas: Ao Vencedor, as Batatas (Edición Colombiana: Al Vencedor, los Tiestos). Barbacena/Bogotá.
Nota del Autor: Estudio sobre cómo la guerra es bella, siempre que se vea de lejos, y cómo el hambre y la muerte son apenas detalles en la gran marcha de la evolución —o de la involución— de las oligarquías.
5. El Contexto Jurídico: TORRES, Camilo & LOZANO, Jorge Tadeo. Constituciones para un País que No Existía. Manuscritos no publicados (por impracticables).
Nota del Autor: Colección de bellas palabras francesas aplicadas a una realidad que hablaba chibcha y español arcaico. Lectura recomendada para entender por qué la Patria fue, con mucho honor y gloria, Boba.


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