top of page
03 - Logo Brasilombia - BG Azul.png
  • Instagram Brasilombia
  • LinkedIn Brasilombia

Nieto Arteta entrevista a Aleksander Peczenik en Villa de Leyva

  • Foto del escritor: gleniosabbad
    gleniosabbad
  • 6 feb
  • 3 min de lectura

¡Bomba, bomba, bomba, su mercé!

Aleksander Peczenik, el del libro alemán Grundlagen der juristischen Argumentation, se nos sentó en Villa de Leyva a conversar con el maestro Nieto Arteta.


Por Glênio S Guedes ( abogado de Brasil )


Aquí no se da papaya: se habla de Grundnorm con ruana puesta.

Villa de Leyva amanecía con ese silencio antiguo que parece escrito en latín. La plaza, tan grande que uno sospecha que fue pensada para discusiones metafísicas y no para mercados, respiraba piedra y cielo.

En una banca blanca, bajo un sol que no quema sino que piensa, estaba Aleksander Peczenik, sueco de precisión casi geométrica. Frente a él, con la serenidad de quien ha visto pasar repúblicas y constituciones, se sentó Nieto Arteta, ese viejo jusfilósofo colombiano que sabía que el derecho en América Latina nunca ha sido solamente derecho.

—Profesor Peczenik —comenzó Nieto, acomodándose el sombrero imaginario—, dígame una cosa sin rodeos nórdicos: ¿por qué el derecho debería ser obedecido?

Peczenik sonrió como quien sabe que la pregunta no cabe en una respuesta de sobremesa.

—No debería ser obedecido simplemente porque existe —respondió—. Debe ser obedecido cuando puede ser justificado.

Nieto entrecerró los ojos.

—¿Justificado ante quién? ¿Ante la moral? ¿Ante el Estado? ¿Ante Dios?

—Ante el punto de vista jurídico —contestó el sueco, con la paciencia de un reloj escandinavo.

Nieto soltó una risa leve.

—Ah, el famoso “punto de vista jurídico”. Aquí en Boyacá eso suena como decir que uno es boyacense “desde cierto ángulo”. Explíqueme mejor.

Peczenik tomó una pausa que parecía importada de Estocolmo.

—El derecho no es solo un conjunto de normas. Tampoco es pura moral. Lo que llamamos “derecho vigente” existe cuando ciertos hechos sociales y ciertos valores permiten que tratemos a la Constitución como algo que debe ser seguido.

Nieto se inclinó hacia adelante.

—Entonces usted no es kelseniano puro.

—No exactamente. Kelsen hablaba de una Grundnorm presupuesta. Yo sostengo que esa norma fundamental solo puede sostenerse si existen razones que la respalden: hechos sociales y valores que la hagan justificable.

Nieto miró la plaza. Un grupo de turistas discutía dónde almorzar. Pensó que eso también era una forma de transformación normativa.

—¿Y cómo se pasa de esos hechos y valores al deber jurídico? —preguntó—. Porque aquí, profesor, hemos visto constituciones bellísimas que no valían ni el papel en que estaban impresas.

Peczenik asintió.

—No hay deducción lógica. Hay transformación. El discurso jurídico convierte hechos y valores en razones jurídicas. No es un silogismo; es una práctica institucional.

Nieto sonrió con ironía costeña.

—O sea, el derecho no nace como verdad matemática sino como acto de fe argumentada.

—Más que fe —corrigió Peczenik—, racionalidad práctica.

Nieto levantó un dedo.

—Pero cuidado. En América Latina sabemos que los sistemas pueden existir socialmente y, sin embargo, ser profundamente injustos. ¿Su teoría permitiría decir que un sistema inmoral deja de ser derecho?

El sueco pensó antes de responder.

—Un sistema extremadamente inmoral pierde su capacidad de ser justificado. Y sin justificación suficiente, la transformación falla.

Nieto dejó escapar un “ah” que sonó a confirmación.

—Entonces el derecho es frágil.

—Es racionalmente frágil —precisó Peczenik—. Depende de razones. Y las razones pueden debilitarse.

Un viento leve cruzó la plaza. Las montañas alrededor parecían escuchar.

—Profesor —dijo Nieto—, aquí en Colombia vivimos entre pluralismos: derecho constitucional, derecho internacional, costumbres, órdenes paralelos. ¿Cómo mantiene identidad un sistema jurídico en medio de tanto cruce?

Peczenik respondió con calma:

—La identidad no depende de una sola norma. Depende de lenguaje común, métodos compartidos, prácticas institucionales. Es una red de transformaciones coherentes.

Nieto miró el empedrado.

—Entonces el derecho es más conversación que código.

—Exactamente.

Nieto guardó silencio unos segundos. Luego habló con voz más baja:

—¿Y qué le diría usted a un juez en una crisis democrática?

Peczenik respondió sin titubeo:

—Que recuerde que su tarea no es repetir normas, sino justificar decisiones. Si no puede justificarlas desde el punto de vista jurídico —apoyado en hechos y valores razonables—, la decisión pierde legitimidad.

Nieto se levantó lentamente.

—En otras palabras, el derecho no es verdadero o falso.

Peczenik completó la frase:

—Es justificable o no justificable.

La plaza de Villa de Leyva parecía haber escuchado suficiente filosofía por un día. Un niño pasó corriendo detrás de una paloma. El sol seguía alto, indiferente a la Grundnorm.

Nieto Arteta miró al sueco y concluyó:

—Profesor, aquí decimos que no se puede dar papaya. Tal vez su teoría nos enseña que tampoco se puede dar el derecho por sentado.

Peczenik sonrió.

—El derecho, como esta plaza, se mantiene en pie porque muchos lo sostienen. Pero siempre necesita razones.

Y en ese instante, entre piedra colonial y cielo infinito, el deber jurídico dejó de ser un misterio abstracto y se convirtió en lo que siempre fue: una conversación seria entre hechos, valores y argumentos.

Villa de Leyva volvió a su silencio. Pero la transformación, esa, siguió trabajando.

 
 
 

Entradas recientes

Ver todo
¿Y si Brasil aplicara a Milei el decreto de Milei?

Una reflexión sobre reciprocidad constitucional, libertad de expresión y soberanía «Toda frontera jurídica termina encontrando un espejo.» Por Glênio S Guedes (abogado de Brasil) Hay leyes que nacen c

 
 
 
Cuando las excepciones dejan de ser excepciones

Una propuesta de epistemología patafísica para el Derecho «La realidad nunca desmiente las palabras. Simplemente llega un día en que deja de caber dentro de ellas.» Por Glênio S Guedes (abogado de Bra

 
 
 
La salida a bolsa de la Conciencia

Cuando la metafísica decidió cotizar en el mercado «Mientras los filósofos discutían el ser, el mercado descubrió que era mucho más rentable negociar la posibilidad.» Por Glênio S Guedes (abogado de B

 
 
 

Comentarios


bottom of page