Pensar bajo tutela: la heteronomía epistémica en Brasil y Colombia
- gleniosabbad
- 19 nov 2025
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Por Glênio S Guedes ( abogado de Brasil )
Hay épocas en que los pueblos creen que están pensando por sí mismos, cuando en realidad lo hacen con pensamientos prestados, bajo sombras que otros encendieron y bajo límites que jamás escogieron. Eso fue lo que ocurrió en nuestra América del Sur durante los siglos coloniales, cuando Brasil y Colombia —dos de los grandes laboratorios intelectuales de la dominación ibérica— aprendieron a mirar el mundo con ojos ajenos y a interrogarlo con palabras que no nacieron de su propia inquietud, sino de la voluntad metropolitana.
Ambos países vivieron bajo el signo de lo que hoy llamamos heteronomía epistémica, una forma silenciosa de dependencia que no necesita cadenas ni látigos porque actúa allí donde los pueblos son más vulnerables: en la manera como piensan, como nombran, como sueñan.
Pero la manera en que esta tutela se implantó fue distinta en cada caso. Y quizá por eso sus herencias también lo son.
La Nueva Granada: una escolástica obediente, pero viva
En la Nueva Granada —ese territorio que más tarde llamamos Colombia— surgieron tempranamente universidades, colegios mayores, claustros y aulas donde resonaban los ecos de Aristóteles, Tomás de Aquino y Suárez. El pensamiento que se enseñaba era español, sin duda; los manuales venían de Salamanca, y la teología imponía fronteras estrechas. Pero había debate, había manuscritos, había jóvenes que disputaban tesis en latín, como si la vida del espíritu fuera una fiesta ordenada por la Corona.
Era una filosofía derivada, sí, pero era filosofía. En aquellos claustros coloniales se discutían asuntos locales —la condición del indígena, la legitimidad del dominio español, las dudas morales de la nueva tierra— siempre dentro de los límites permitidos, pero con una vitalidad que no desapareció. La Colonia dejó, así, una tradición letrada que aún late en las universidades y en la prosa jurídica colombiana.
La Nueva Granada pensaba bajo tutela, pero pensaba.
Brasil: un silencio largo bajo la sombra jesuítica
El caso brasileño fue distinto, más duro y más profundo. Durante todo el período colonial no existió una sola universidad. Las bibliotecas eran escasas, la imprenta estaba prohibida y los colegios jesuitas, aunque activos, se dedicaban más a la catequesis que a la reflexión. Brasil vivió, más que una filosofía, un moralismo pedagógico, un saber orientado a la salvación, al castigo, al buen comportamiento cristiano.
La economía esclavista, los latifundios, la dispersión territorial y el predominio del pragmatismo rural no dejaron espacio para una vida intelectual estructurada. Pensar demasiado podía ser peligroso; pensar por cuenta propia, un acto casi inútil. El resultado fue un país que no solo recibió ideas de fuera, sino que fue impedido de generar las suyas.
Mientras la Nueva Granada repetía a Suárez, Brasil repetía catecismos. Mientras Bogotá tenía debates en claustros, Brasil tenía sermones. Mientras los neogranadinos aprendían a argumentar, los brasileños aprendían a obedecer.
No es exagerado decir que, entre los grandes territorios de la colonización ibérica, Brasil fue el que vivió la forma más profunda y prolongada de heteronomía epistémica.
Dos caminos, dos herencias
Colombia heredó una tradición escolástica que, aunque dependiente, formó elites letradas, amantes de la palabra y del argumento. Brasil heredó una pedagogía moral que valoraba más la obediencia que la pregunta, más la disciplina que la duda.
Esa diferencia todavía se siente. La vida intelectual colombiana conserva un gusto por el debate, por la erudición y por la reflexión jurídica. La brasileña revela, a menudo, una inclinación hacia el pragmatismo, hacia el orden práctico de la administración, hacia el pensamiento importado.
Los dos países, sin embargo, comparten la marca de origen: aprendieron a pensar bajo tutela, a aceptar que las verdades venían de lejos, que las explicaciones no nacían del suelo que pisaban.
Conclusión
En la historia intelectual de Brasil y Colombia late una misma herida: la dificultad de construir una autonomía de pensamiento después de siglos de dependencia. Pero también late una oportunidad. Comprender esa genealogía no es resignarse a ella; es, precisamente, la manera de superarla.
Y quizá este sea el momento, para ambos pueblos, de aprender a pensar con sus propias palabras, de preguntarse sin miedo, de desafiar las sombras viejas que alguna vez nos dijeron qué debíamos creer.
Porque toda emancipación comienza con un gesto simple, casi invisible: pensar por fin sin tutela.
Bibliografia
Pachón Soto, Damián. Estudios sobre el pensamiento colombiano. Volumen I.
História da Filosofia no Brasil. Editora Intersaberes.


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