Una “jus-mirada” al Museo del Mañana
¿Quiere una clase de Introducción al Derecho visitando un museo? Venga conmigo: demos una vuelta por el Museo del Mañana, en Río de Janeiro.
Por Glênio S Guedes (abogado de Brasil)
Honoré de Balzac hablaba de la “gastronomía de la mirada”. La expresión es formidable: tener ojos no garantiza saber mirar. Hay quien atraviesa una ciudad y recuerda apenas dónde dejó el carro. Otro mira una esquina y encuentra historia, desigualdad, comercio, poder, abandono, belleza.
Quizás las facultades de Derecho deberían comenzar por ahí.
Enseñamos códigos antes de enseñar a mirar el mundo. Después nos sorprende que alguien encuentre en segundos el artículo aplicable y tarde años en descubrir el problema.
Propongo, entonces, una expresión: jus-mirada. Es la capacidad de percibir juridicidad antes de encontrar la norma: descubrir en la vida relaciones, conflictos, poderes, valores, vulnerabilidades y necesidades de ordenación.
Dejemos por un rato el Vade Mecum. Tranquilos: sobrevivirá.
Entremos al Museo del Mañana.
Primero la vida, después el artículo
¿Dónde está el Derecho en un museo dedicado al cosmos, la vida, el Antropoceno, la tecnología y el futuro?
Aquí entra Paolo Grossi.
En Prima lezione di diritto, el gran historiador italiano combate una simplificación muy moderna: creer que Derecho, Estado y ley son prácticamente la misma cosa. Su recorrido por distintas experiencias jurídicas muestra que esa identificación tiene historia; no cayó del cielo ni constituye una verdad eterna.
El Derecho comienza antes del código: en una sociedad que necesita organizarse.
El Museo lo dice a su manera: no existe sociedad humana sin conflicto.
Claro. Si todos estuviéramos siempre de acuerdo, buena parte de los abogados tendríamos que buscar oficio. Por fortuna profesional —y desgracia antropológica— no parece que eso vaya a ocurrir pronto.
La prueba de la bahía
Miremos ahora por la ventana.
Allí está la bahía de Guanabara.
Pregúntele a un estudiante:
—¿Qué ve?
—Agua.
No está equivocado. Apenas está viendo poquito.
Miremos otra vez: biodiversidad, contaminación, pesca, saneamiento, navegación, petróleo, actividad portuaria, comunidades tradicionales, competencias públicas, responsabilidad, intereses económicos, derechos colectivos y generaciones futuras.
El agua no cambió. Cambió la mirada.
Ese es el jus-mirar.
Grossi nos sugeriría todavía una cautela: antes de correr a preguntar qué artículo se aplica, entendamos las relaciones que tenemos delante.
Un churinga sin Diario Oficial
El Museo exhibe un churinga, objeto vinculado a pueblos aborígenes australianos, a la memoria y a la transmisión de narrativas entre generaciones.
Preguntemos: ¿qué Congreso aprobó su significado? ¿En qué Diario Oficial fue publicado? ¿Qué decreto lo reglamentó?
La pregunta causa gracia porque revela el problema.
No toda ordenación de la vida colectiva comenzó esperando que llegara un legislador. Grossi ayuda precisamente a recuperar la historicidad y pluralidad de la experiencia jurídica.
Eso no convierte cualquier costumbre en Derecho. Nos obliga, simplemente, a formular una pregunta anterior a la ley:
¿qué orden de relaciones funciona aquí?
Sociedad, Planeta, Humano
Entonces llegamos a una instalación fascinante. El Museo organiza las grandes tendencias de los próximos cincuenta años en tres campos:
SOCIEDAD — PLANETA — HUMANO.
Un visitante encuentra prospectiva. El jurista debería encontrar casi el programa de trabajo de su profesión.
Sociedad: conflictos, democracia, desigualdad, plataformas digitales, privacidad, migraciones, trabajo y nuevos poderes.
Planeta: clima, biodiversidad, recursos, Antropoceno, responsabilidad y generaciones futuras.
Humano: inteligencia artificial, biotecnología, cuerpos modificados, autonomía, dignidad y hasta la futura definición jurídica de persona.
El Derecho del mañana tendrá, pues, que comprender transformaciones que ocurrirán entre nosotros —Sociedad—, alrededor de nosotros —Planeta— y dentro de nosotros mismos —Humano—.
No es poca cosa para una profesión que, de vez en cuando, todavía pretende encontrar el futuro en el índice alfabético del código.
¿Y quién será humano?
Otro panel pregunta:
“¿Qué es, qué será, ser humano?”
Hagámosle al estudiante una pregunta aparentemente fácil:
—¿Qué es una persona para el Derecho?
Después mencionemos interfaces cerebro-computador, inteligencia artificial, manipulación genética y neurotecnologías.
Y volvamos a preguntar.
Ahí empieza la clase.
La historicidad que Grossi identifica en el Derecho nos previene contra la tentación de considerar eternas nuestras categorías. Persona, propiedad, responsabilidad, autonomía y consentimiento tienen historia.
El buen jurista no es solamente quien encuentra respuestas para problemas conocidos. Es también quien consigue reconocer jurídicamente un problema antes de que tenga nombre.
El mañana comienza hoy
Al final, el Museo pregunta:
“¿Hacia dónde vamos?”
El futuro no está terminado.
Y allí Grossi conversa inesperadamente con el Museo: si el Derecho tiene historicidad, también posee prospectividad. Recibe el mundo que otros construyeron, pero participa en la construcción del que entregaremos.
Salimos habiendo recorrido Sociedad, Planeta y Humano: nuestra relación con los demás, con el mundo y con nosotros mismos.
En la salida queda una frase:
“El mañana es hoy. Y hoy es el lugar de la acción.”
Tal vez un estudiante pregunte:
—Profesor, ¿entonces dónde estaba el Derecho en el Museo?
En casi todas partes.
Faltaba aprender a mirar.


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