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Urge aprender a preguntar qué es el Derecho antes de operarlo

  • Foto del escritor: gleniosabbad
    gleniosabbad
  • 29 dic 2025
  • 3 Min. de lectura
“Il giurista precede la norma, perché la interpreta e la ricompone.”
Paolo Grossi
(El jurista precede a la norma, porque la interpreta y la recompone.)

Por Glênio S Guedes ( abogado de Brasil )


La formación jurídica contemporánea suele comenzar por la técnica. Al estudiante se le enseña, desde el primer momento, a identificar normas, citar artículos, manejar procedimientos y aplicar categorías dogmáticas. Aprende, en suma, a usar el Derecho. Rara vez, sin embargo, se le invita a detenerse en una pregunta previa y más radical: ¿qué es, en verdad, el Derecho que se pretende operar?

Esta inversión de prioridades —operar antes de comprender— no es inocente. Produce profesionales eficaces, pero conceptualmente desarmados; operadores de textos, no intérpretes del fenómeno jurídico. Contra este empobrecimiento del pensamiento se alza el pequeño y denso libro de Paolo Grossi, Prima lezione di diritto. Lejos de ser una simple introducción, la obra propone una auténtica reeducación de la mirada del jurista: antes de aplicar normas, es necesario aprender a preguntar por el Derecho.

El primer equívoco que Grossi desmantela es aquel que identifica automáticamente Derecho y ley. Esta equivalencia, tan arraigada en la modernidad, no es una verdad eterna, sino el resultado de un proceso histórico ligado al Estado moderno, a la centralización del poder normativo y al prestigio de la codificación. Al naturalizarla, el pensamiento jurídico confunde una forma histórica contingente con la esencia misma del Derecho.

Durante siglos —recuerda Grossi con serenidad histórica— las sociedades europeas vivieron jurídicamente sin que la ley estatal ocupara el centro absoluto del sistema. Costumbres, prácticas sociales, decisiones judiciales, doctrina de los juristas e instituciones diversas produjeron Derecho de manera efectiva. Identificar Derecho y ley no es, por tanto, una necesidad lógica, sino una opción histórica.

Frente a este reduccionismo, Grossi propone comprender el Derecho como experiencia histórica y social. El Derecho no nace de un acto fundacional abstracto ni de una voluntad soberana aislada. Surge de la vida concreta, de los conflictos, de la necesidad de ordenar la convivencia. Es un fenómeno que se construye en el tiempo y que solo puede entenderse a la luz de su historia.

De allí se desprende una consecuencia decisiva: no hay Derecho fuera de la historia. Toda forma jurídica está situada, marcada por un contexto cultural, social e institucional. Ignorar esta dimensión no hace al Derecho más científico; lo vuelve más frágil, porque rompe el vínculo entre norma y realidad.

El concepto que organiza esta visión es el de ordenamiento. El Derecho no es un simple conjunto de normas yuxtapuestas, sino un tejido vivo de reglas, instituciones, autoridades, prácticas y expectativas compartidas. El ordenamiento jurídico integra conflictos, estabiliza relaciones y ofrece sentido a la vida social. Operar normas sin comprender el ordenamiento equivale a actuar a ciegas.

En este punto, la figura del jurista recupera centralidad. La norma no se aplica sola ni habla por sí misma. Debe ser interpretada, integrada y recompuesta en el interior del ordenamiento. Por eso —como recuerda la epígrafe— el jurista precede a la norma. No como creador arbitrario, sino como mediador responsable entre el texto, el contexto y la vida.

Esta concepción rompe con el mito del jurista neutro, reducido a ser “la boca de la ley”. Juzgar, litigar, legislar o enseñar Derecho son actividades interpretativas por excelencia. Exigen sensibilidad histórica, comprensión institucional y responsabilidad intelectual. Preguntar qué es el Derecho antes de operarlo significa asumir conscientemente esa responsabilidad.

Las consecuencias prácticas de esta lección son evidentes. En la magistratura, impide reducir la decisión judicial a una subsunción mecánica. En la abogacía, amplía el horizonte argumentativo más allá de la cita literal de normas. En la enseñanza jurídica, desplaza el énfasis de la memorización normativa hacia la formación de una mirada crítica e interpretativa.

Prima lezione di diritto es un libro breve solo en apariencia. En realidad, recoloca al jurista ante una exigencia fundamental: no hay operación jurídica legítima sin una comprensión previa de lo que se opera. Aprender a preguntar qué es el Derecho no es un lujo filosófico ni una curiosidad académica. Es la condición para que el jurista no se convierta en un simple técnico del texto.

En tiempos de prisa y eficiencia, la lección de Grossi suena como advertencia y como invitación: antes de aplicar el Derecho, es necesario reaprender a verlo.

 
 
 

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