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¿Y si Brasilombia existiera?

  • Foto del escritor: gleniosabbad
    gleniosabbad
  • 16 nov 2025
  • 2 Min. de lectura

Actualizado: 25 nov 2025

Por Glênio S. Guedes ( abogado de Brasil )


(Un ejercicio de imaginación sociológica )


Permítanme, como abogado brasileño que a veces cambia los códigos por las crónicas, plantearles una hipótesis que bien podría parecer un delirio de realismo mágico. Si por obra de una fabulación histórico-cultural lográramos fundir a mi Brasil natal con esta Colombia vibrante, el resultado no sería un simple tratado diplomático. No, señor. Estaríamos presenciando el nacimiento de una nueva criatura humana y espiritual: el brasilombiano .

No les hablo de un mero híbrido territorial, sino del nacimiento de un tercer género: un sujeto barroco, cordial y fiestero; un tipo soñador y contradictorio, que lleva la esperanza como estandarte y la utopía como vicio .

Desde mi perspectiva, observando nuestras "encrucijadas de la iberidad", veo que si Brasil pone la cordialidad y esa cintura diplomática para esquivar problemas, Colombia aporta la improvisación genial . Imaginen a un ser que hereda de nosotros la tolerancia infinita, pero que adopta con fervor esa institución sagrada del Caribe que ustedes llaman mamagallismo.

Sí, el brasilombiano elevaría el mamagallo a rango constitucional. Usaría esa "tomadura de pelo" no como una falta de respeto, sino como una válvula psíquica y una ironia terapéutica . Sería su forma maestra de transitar sin escándalo entre la tragedia y la fiesta, usando el humor como una modalidad de negociación para suavizar la dureza de la vida .

En mi análisis de esta psicología colectiva, el brasilombiano sería un espectáculo: exuberante al soñar, lúdico al hablar y carnavalesco hasta para sufrir . Un ciudadano solidario en el afecto, aunque —y que me perdonen el expediente— un poco intermitente en la disciplina . Su vida estaría marcada por esa dialéctica tan nuestra del "mañana vemos", confundiendo a menudo la esperanza con el proyecto y la empatía con el compromiso .

Como amante de la palabra, sostengo que este sujeto no usaría el lenguaje para firmar contratos fríos, sino para pintar paisajes. Sería un devoto de la metáfora jugosa. Para él, la retórica no sería un instrumento de prueba jurídica, sino un puente de convivencia; más música que cálculo, más abrazo que ley .

En lo político, el brasilombiano sería un optimista incorregible. Tendría una fe ciega en el cambio, aunque sus métodos administrativos fueran, digamos, puramente "estéticos" y emocionales, lejos de la rigidez fiscal . Preferiría siempre el arreglo amistoso y la charla amena a la dureza institucional.

Y finalmente, en este mundo de tecnócratas, mi brasilombiano hipotético defendería un "patrimonio afectivo-civilizatorio": la creencia de que la vida es para sentirla, gozarla y narrarla . Ya sea con una arepa o una feijoada, con un vallenato o una samba, su filosofía sería la del calor humano sobre el proyecto frío .

Para cerrar este alegato, invoco a Ortega y Gasset: el hombre es él y su circunstancia. Pues bien, el brasilombiano sería un artista de la supervivencia afectiva, un ingeniero de lo posible que habita ese reino donde lo real y lo imaginario se abrazan sin escándalo. Más que una nacionalidad, sería una vocación estética donde la esperanza es la única ley que nunca se deroga, la gramática secreta del espíritu latino: un idioma del alma donde, óigase bien, jamás se conjuga el verbo desistir.

 
 
 

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